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lunes, 15 de julio de 2013

Domina en primera persona

Pequeños y débiles, eso es lo que son. Ellos no lo saben pero, me encanta hacérselo saber. Soy muy alta, muy grande y muy fuerte pero ellos sólo ven a una mujer y , por ende, a un ser débil, sumiso e inferior. Una percepción muy alejada de la realidad y disfruto muchísimo al mostrarles mi fuerza y dominarlos, humillarlos y utilizarlos como objetos, esclavos o sirvientes. Sobretodo delante de sus mujeres o parejas.

En realidad soy lesbiana y me encantan las mujeres. Se sienten atraídas sin remedio hacia mi físico superior. Puedo percibir como su deseo aumenta el flexionar mis músculos. Me encanta follármelas durante horas y notar como se deshacen entre orgasmos hasta quedarse inconscientes. Disfruto chupando sus tetas y lamiendo su coño. Notar como chorrean al apretarlas contra mi trabajado cuerpo pero, con los hombres disfruto de otra manera a ellos los torturo y destrozo sus vidas para siempre (me encanta).

Me gusta salir de caza sola y hacer el papel de mujer insegura y tímida, busco a mi presa con rapidez y la acerco a mis redes sin que él sepa lo que ocurre. Me gustan pequeños y delgados así puedo dominarlos con facilidad y mostrarles lo patéticos y débiles que son. Me gustan casados, así puedo extender mi dominación sobre él y humillarlo frente a su pareja.

Muestro mi lado más simpático y agradable. Mi blanca sonrisa y marcado escote son todo lo que necesito para atraer al hombre que quiera a mis redes, son tan básicos y primitivos. Los encandilo y les permito sentirse “el hombre”, voy con cuidado para no mostrar “mis armas” y asustarlos antes de tiempo. Muestro mi lado más femenino y sumiso y, una vez estoy a solas con él (en la habitación de hotel elegida), me quito la careta y muestro mi verdadero yo.

Lo siento en una silla y le hago un streap-tease. Él sonríe, contento con sus expectativas mientras yo me desnudo lentamente, primero la parte superior, puedo ver como su expresión cambia al mostrar mi musculado torso frente a sus incrédulos ojos. Flexiono mis brazos y mis bíceps crecen y se endurecen, arrancando un “Oh” de los labios de mi víctima. Él todavía no lo sabe pero se pasará un buen rato lamiendo y chupando mis músculos y otro rato notando su poder al ser exprimido y golpeado por ellos.

Poso frente a él, flexionando mis músculos y mi cuerpo frente a él antes de continuar desnudándome. Aquí es cuando empieza el punto de inflexión ya que, antes me he preparado en el baño y me he colocado mi strapon dildo entre las piernas. Él no lo sabe pero lo verá rápido y lo sentirá profundamente en su ser.

Me excito al ver como su expresión vuelve a cambiar de preocupación a miedo al ver esa gran polla de goma balancearse entre mis piernas. Él quiere irse y yo quiero penetrarlo, quiero que llore y suplique mientras lo perforo y lo maltrato. Él llora y suplica mientras yo lo obligo a acariciar mi cuerpo y chupar mi polla. Me rio de él mientras lo golpeo. Me siento tan poderosa, tan llena de vida.

Es tan fácil, soy superior, yo lo se y él debería haberse dado cuenta antes. Patalea a varios palmos del suelo, mi mano aferrada a su cuello, sus ojos mirándome abiertos, incrédulos mientras yo le arranco la ropa y lo desnudo. Me excito si.

Me puedo pasar días penetrándolos y obligándolos a cumplir mis órdenes. Son tan débiles y patéticos. Desvirgo todos sus agujeros y disfruto notando como su sangre resbala entre sus piernas. Ellos no pueden hacer nada, no tienen la fuerza necesaria para detenerme y yo disfruto abusando de ellos. Sangran y lloran como niños pequeños. Rompo algún hueso, no me importa hacerles daño, todo lo contrario, más de uno a acabado en el hospital.

Me los follo salvajemente hasta convertirlos en mi puta. Los obligo a repetirlo una y otra vez y a darme las gracias por follármelos y permitirles estar con una mujer como yo. Les hago saber que, tras acabar de reventar sus prietos culos me follaré a su mujer y él estará allí, mirando impotente como su mujer grita y goza como nunca antes y, es lo que hago días después.

Cuando me canso de follarme “al hombre” lo libero, no sin antes apuntarme su dirección. Dejo pasar algunos días antes de presentarme en su casa. Me aseguro de que los dos (hombre y mujer) están en la casa antes de llamar a la puerta. Elijo Viernes, así tengo todo el fin de semana para disfrutar follando, humillando y dominando.

La mujer no me conoce, pero él si y le cambia la cara al verme. Puedo oler su miedo y ver como tiembla. No hace falta que me presente, yo sonrío, su mujer no y él menos. Entro en la casa (no pueden detenerme) y miro a la mujer, no está mal. Con una mano la agarro del culo y la aprieto contra mi cuerpo. La otra mano encuentra rápido su camino hacia sus pechos y juego con sus pezones mientras mi lengua se abre camino por su garganta. La manoseo y beso con ganas frente a su marido, ninguno de los 2 puede detenerme. Mi lengua se desliza, violando su boca mientras mis fuertes manos la mantienen prieta contra mi fornido cuerpo. La noto defenderse bajo mi dominio, demasiada débil y asustada, no tiene nada que hacer. Tenso mis músculos mientras su manos recorren mis brazos intentando abrirlos y apartarse de mi. Su cuerpo tiembla al notar el tamaño, dureza y potencia de mis músculos. Mis pezones se endurecen al notar como sus dedos acarician mis musculados brazos temblorosamente. Sus pezones también se endurecen.

Dejo de besarla pero la mantengo sujeta contra mi cuerpo mientras mis manos recorren su piel. Miro a su marido, que congelado y atónito mira la escena. Su mujer le pide ayuda y yo le ordeno se arrodille frente a mi y me bese los pies. Él se arrodilla y besa mis pies. Yo me rio mientras su mujer mira atónita la escena.

“Es mi puta” le indico antes de arrancarle la blusa y lamerle los pezones con ansia. Tiene un cuerpo pequeño pero sensual. Mi lengua no puede dejar de jugar con sus pezones mientras mi mano se cierra fuerte en su culo. La mujer intenta evitar la violación pero se que no podrá. Su físico no puede compararse al mio. Le arranco la ropa lentamente mientras voy chupando y lamiendo su piel, le digo a su marido que se desnude y él acata la orden sin rechistar.

Arranco las bragas de su mujer, quien desnuda, intenta protegerse inutilmente de mis caricias mientras su marido observa la escena arrodillado y desnudo frente a nosotras. Mi lengua se introduce de nuevo entre sus labios, inundando su boca mientras ella patalea en el aire. La aprieto con fuerza contra mi cuerpo y deslizo mi mano entre sus piernas. Su coño está húmedo y sus pezones duros, se resiste pero mis dedos se introducen en su sexo mientras saboreo su boca. Noto como se deshace en mis manos y, poco a poco, deja de resistirse mientras mis experimentados dedos juegan con su sexo con decisión durante minutos hasta que se corre en mis manos.

Ordeno al marido a chupar y limpiar mis dedos, él suplica clemencia, no quiere limpiar mis dedos y eso me enfurece. Lo agarro del cuello y levanto su flaco y débil cuerpo del suelo, mis músculos se hinchan y definen contra mi piel y noto como su mujer mira a su marido y a mi brazo incrédula. Las manos de su marido se agarran a mi muñeca intentando liberarse mientras sus piernas se mueven en el aire incapaces de encontrar apoyo.

Le digo lo patético que es y hago que su mujer me toque el bíceps del brazo que sostiene a su marido del cuello. Ella lo hace y, de nuevo, noto como sus pezones se endurecen al sentir la dureza y potencia de mis músculos bajo sus delicados dedos. Aumento mi presión, cerrando mis dedos con más fuerza alrededor del cuello de aquel hombre y mis músculos se marcan todavía más. Le digo que los toque y note y ella lo hace, luego le hago tocar los brazos de su marido (que sigue colgando y pataleando medio asfixiado de entre mis dedos). Los míos son mucho más grandes, duros y fuertes, yo lo se pero la obligo a decirlo. Satisfecha libero la presión y el hombre cae cual saco de patatas al suelo.

Hago que el hombre vaya gateando hasta la habitación mientras yo le sigo con su mujer bien sujeta contra mi cuerpo. Una vez en la habitación coloco a la mujer en la cama y a él le ordeno sacar lo que hay en mi bolso. Sin rechistar, abre el bolso y saca mi precioso dildo de su interior. Sus ojos se abren como platos al ver de nuevo “mi polla” esa misma polla con la que he desgarrado su culo y destrozado su masculinidad, la misma que ha chupado y saboreado y la misma que usaré para follarme a su mujer.

Le digo que me lo coloque y él, tras tragar saliba, lo hace, colocando correctamente mi polla en su lugar, yo lo miro, arrodillado frente a mi con mi polla firme a pocos centímetros de su cara. No puedo evitar reirme mientras zarandeo mis caderas y le golpeo la cara con mi dildo. Luego, se lo hago chupar. Mira a su mujer durante unos segundos y empieza a chupar. Su mujer mira la escena en silencio mientras su marido me chupa la polla.

Coloco mis puños en la cintura y me rio de lo patético que es aquel hombre. Le digo a su mujer que ya me lo he follado antes. Que ese patético hombrecillo ya había sido penetrado y desvirgado por mi polla. Le explico lo fácil que ha sido dominarlo y violarlo. Lo agarro del pelo y violo su boca agresivamente. Mi polla se desliza por su garganta con rapidez hasta que me canso de él.

Lo obligo a quitarme el top y el sujetador y flexiono mis brazos, adoptando una postura de doble bíceps intimidatoria. Las curvas de mi cuerpo endurecen y se llenan de poderosos músculos que se aprietan contra la piel. Lo ordeno besar y lamer mis pechos , bíceps y sobacos mientras lo insulto delante de su impasible mujer.

Lo pongo en pie y poso a su lado mostrándole a su mujer lo patético que es su marido. Soy más grande, más fuerte y sensual y, “mi polla” es grande y dura, golpeo su minúscula polla con la mia y deja escapar un grito de dolor. Disfruto humillándolo frente a su mujer. Mi polla es el doble que la suya, me rio de su sexo y de su físico. Lo obligo a acariciar y besar mis músculos de nuevo mientras poso para su mujer.

Lo hago sentarse al lado de la cama y le digo que mire bien y aprenda antes de subir a la cama y penetrar a su mujer. No permito que aparte la mirada. Lo obligo a mirar mientras examino y perforo todos los agujeros de su mujer. A los 15 minutos, su mujer ya está gimiendo tímidamente, a los 20 sin timidez y a partir de los 30 se convierten en gritos de puro placer. Se como dar placer a una mujer, se corre una vez y luego otra y otra. Voy cambiando de posturas y la penetro profundamente mientras disfruto lamiendo sus pezones. 40 minutos ... 50... su mujer grita y goza mientras los orgasmos recorren su cuerpo.

Le pregunto quién folla mejor y contesta que yo. Le pregunto quien tiene la polla más grande y me contesta que yo. Le pregunto si su marido alguna vez la ha hecho gozar como yo y me responde que no. Aumento el ritmo perforándola con fuerza y se corre de nuevo. La cama está mojada y su coño dilatado. Le doy la vuelta y la penetro por detrás mientras miro fijamente a su marido y lo humillo e insulto. Le repito una y otra vez lo que me ha respondido su mujer, lo buena que soy folándomela y lo que disfruta conmigo.

1h30m han pasado y yo sigo penetrando aquel cuerpo que se retuerce y gime de placer bajo mi control. La tengo a cuatro patas, con los brazos cruzados en su espalda mientras la penetro sin descanso. Yo disfruto, ella disfruta y su marido... solo mira.

Vuelvo a cambiar de postura y mi polla se hunde de nuevo entre las humedas paredes de su coño. Le subo las piernas hasta que sus rodillas tiocan las orejas. La agarro y me pongo de pie frente a su marido y alli sigo follándola con fuerza. La sostengo con mis fuertes brazos mientras mis caderas se mueven frenéticamente delante y atras. Sus jugos se deslizan y mojan el suelo. “Limpia con tu lengua” le ordeno a su marido quién, sin dudarlo, empieza a lamer y tragar los jugos del suelo.

Su mujer se corre de nuevo y de nuevo y de nuevo. Noto como tiembla y cierra los ojos mientras gime y gime sin parar hasta acabar semi-insconsciente. La dejo en la cama mientras ella continúa retorciéndose de placer. Sus piernas tiemblan incontroladamente y tiene los ojos cerrados. Los orgamos siguen recorriendo sus nervios generando olas de placer que vienen y van.

2h45m. llevo follándome a aquella mujer. Mi dildo está humedo y manchado. Lo presento frente la cara del hombre y él hace el trabajo. Chupa y lame mi polla, tragando y limpiando mi falo. Mi cuerpo brilla por el sudor que resbala por él. Mis músculos, hinchados por la actividad sexual se notan en mi piel, haciendo que las venas se marquen claramente sobre los músculos.

Una vez ha limpiado mi polla, le ordeno continuar con el sudor que recorre mi piel. Primero le hago lamer y limpiar mis sobacos, luego mis pechos, torso espalda, pies, piernas y, finalmente, lo obligo a lamer, chupar y limpiar mi trasero. Su lengua se introduce en mi ano y eso me gusta. Lo agarro con fuerza y me froto contra su cara hasta quedar satisfecha.

Soy tan superior, tan excitante, caliente y poderosa. Miro mis brazos y acaricio mis músculos. Me encanta la sensación de poder que me otorgan. Lo levanto del suelo y lo llevo contra la pared. Aplasto su cabeza en ella y con la mano libre separo sus piernas y acaricio su culo. Le digo que es su turno para ser follado. Él llora y suplica pero, eso sólo sirve para ponerme más cachonda.

Lo penetro con furia y noto como se le desgarra el ano. Bien, pienso mientras él lucha por escapar. Retuerzo sus brazos en su espalda de manera cruel y sus huesos crujen. Lo rodeo con mis brazos, inmovilizándolo y tiro de él, levantándolo del suelo mientras lo aprieto con fuerza contra mi pecho. Oh si! pienso, mientras le muerdo la oreja y aumento mi ritmo de penetración. Gozo mucho haciéndolo sufrir indefenso en mis brazos.

Sus gritos resuenan en la habitación y se mezclan con mis gemidos de placer. Su mujer ya ha vuelto de su baño de orgasmos y mira, en silencio, como su marido es follado por una mujer increiblemente sensual, grande y dominante. Lo follo sin descanso mientras su mujer se excita mirando. El hombre llora y grita impotente entre mis brazos mientras patalea el aire con sus piernas.

Una de mis manos se deslizan por su piel hasta detenerse entre su piernas y cerrarse con fuerza en sus genitales. Aprieto mientras lo sigo penetrando. Es como un muñeco en mis brazos, tan ligero, tan indefenso. De nuevo, me excito tremendamente ante mi superioridad. No puedo evitar ir aumentando la presión, noto como mis dedos se hunden en su tierna carne mientras él grita incapaz de detenerme. Retuerzo sus genitales y aplasto sus pelotas mientras lo penetro. El dolor ha de ser inaguantable ya que pierde la conciencia en mis brazos.

Lo mantengo empalado a mi, mientras me acerco a la cama donde su mujer continua mirando incrédula el espectáculo. Su hombre, inconsciente a mi merced y ella, desnuda en la cama, esperandome.

Levanto al hombre lo justo para colocar una mano entre sus piernas y lo elevo sobre mi cabeza, no me cuesta mucho ya que, no debe pesar ni 60 kilos pero lo suficiente para que mis músculos se llenen de sangre y se muestren hiperdefinidos contra mi piel.

Le digo a la mujer que note mi cuerpo y ella, se acerca y me acaricia. No puede evitar dejar escapar un jadeo al notar mi físico y acariciar mi piel. Me chupa las tetas y noto como se excita. Lanzo a su marido, inconsciente en la cama y dedico mi atención de nuevo a su cuerpo.

Las dos horas siguientes me las paso follando de nuevo a aquella mujer, que acaba con su cabeza entre mis piernas chupando mi clítoris mientras yo disfruto de generosos orgasmos.

Desaparezco de la casa sabiendo que ella ahora es mia.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La Deuda

Las cosas no pueden ir bien cuando debes dinero a una prestamista de la mafia Rusa.


Había acabado el plazo y sabía lo que tenía que hacer. Irina forma parte de una familia de origen ruso y, entre otras cosas,hacen de prestamistas. Ella misma había sido quién había conseguido el dinero para Jennifer, una conocida del barrio con la que había salido de fiesta algunas veces.

A Irina no le gustaban esas cosas. Su familia se había enfadado con ella por haberse dejado engañar. Llevaba tiempo buscando a Jennifer, al principio no pensaba mal pero, con el paso de los días quedó claro que Jennifer la estaba evitando y no le quería devolver el préstamo. Aquello hizo enfadar a la rusa pero, tenía claro que conseguiría el dinero.

Jennifer disfrutaba mientras su marido la penetraba con su polla dura y caliente. Jennifer se concentró y disfrutó de cada segundo de placer. Jonathan era un hombre caliente y sexual pero, solía acabar rápido por ello, ella se concentraba en disfrutar de cada momento.

Jonathan tenía a su mujer apretada contra su cuerpo mientras la perforaba con placer.

-¡Oh si nena!-

-¡No pares, sigue, sigue...!-

Jonathan notó como llegaba el momento y se corrió, Jennifer no había llegado, no siempre llegaba. Su marido se derrumbó sobre ella. Había faltado poco.

-Me voy a la ducha- le informó antes de levantarse de la cama.

Jennifer se quedó en la cama y aprovechó ese momento para tocarse y disfrutar.

Irina revisó que la dirección era correcta y accedió a la portería. La escalera era vieja, sin ascensor y con pocos vecinos. Al parecer, Jennifer vivía en el último piso.

Sus dedos jugaban con su clítoris mientras el placer recorría su cuerpo, el orgasmo llegó rápido y potente. No pudo evitar cerrar los ojos y disfrutar de aquel momento.

-DING DONG-

Jennifer se levantó, se tapó con una bata y se dirigió a la puerta. No pudo evitar sorprenderse al ver a la rusa en la puerta de su casa. Le impresionó también la altura de aquella rubia que, calzada con zapatos de tacón le sacaba más de una cabeza.

-¡Irina! ¿que coño haces aquí?- le preguntó de malos modos

-Vengo a recuperar mi dinero- respondió la Rusa mientras apartaba a Jennifer y se metía en la casa.

A Jennifer no le gustaron los aires con los que la rubia había aparecido en su casa.

-No tengo el dinero aquí!- respondió la mujer -vete de mi casa, ya te lo daré en otro momento- agregó mientras mantenía la puerta abierta, invitando a la “visita” a abandonar la casa.

Irina se acercó a la mujer y cerró la puerta a la vez que apretaba a Jennifer contra la pared con su cuerpo.

-No me voy a ir- indicó Irina enfadada
Jennifer se notó pequeña e intimidada por aquella mujer que la mantenía inmóvil contra la pared. Podía notar su cuerpo aplastado, no se sentía cómoda.

-Te daré el dinero cuando quiera- dijo Jennifer enfadada a la vez que empujaba a la rusa y se la sacaba de encima.

Irene sabía lo que tenía que hacer. Rápida se avalanzó sobre la mujer y, ambas rodaron por el suelo luchando por someter a la rival.

Jennifer no tenía miedo, nunca lo había tenido pero...Irina era mucho más fuerte de lo que había calculado. A los pocos segundos Irina había inmovilizado a la morena y la abofeteaba una y otra vez llena de rabia y furia.

-¡Dame mi dinero!- ordenó la rubia mientras golpeaba a su víctima.

Jennifer no podía hacer nada, las largas piernas de la Rusa la habían rodeado y la mantenían indefensa mientras la seguía golpeando.

Jennifer lloró impotente mientras Irina la golpeaba.

La rusa se incorporó y la agarró de la bata, la levantó y la zarandeó. Nunca antes Jennifer se había sentido tan inferior e indefensa ante nadie.

Irina lanzaba su cuerpo una y otra su cuerpo contra el mobiliario. La lanzaba, la recogía, la levantaba y la volvía a lanzar con furia contra el suelo. La bata cedió y se deshizo entre los dedos de Irina, dejando a Jennifer sollozando desnuda en el suelo de su salón.

-Ahora dame el dinero o te reviento- ordenó la Rusa mientras miraba con desprecio aquel cuerpo que se acurrucaba desnudo y tembloroso a sus pies.

Humillada, Jennifer intentó tapar su desnudez y miró con rabia a aquella mujer que, en pocos segundos la había sometido y humillado como nunca.

-¡Jódete zorra! nunca tendrás tu dinero- Escupió Jennifer con odio en los ojos.

Irina, viendo que tenía “trabajo” por delante se quitó el vestido (antes de que se rompiera), quedándose en ropa interior y se lanzó de nuevo contra Jennifer. Consiguió de nuevo, casi sin esfuerzo, inmovilizar a la morosa entre sus piernas mientras retorcía sus pezones, estiraba sus pechos y torturaba a aquella mujer.

-¿¡Qué coño está pasando aquí!?- gritó Jonathan al ver aquel espectáculo en el salón de su casa.

-Suelta a mi mujer zorra- ordenó con rabia mientras agarraba a la rusa del pelo y tiraba de ella, liberando a su mujer.

-¡Dale su merecido a esta puta asquerosa!- gritó entre lágrimas su mujer.

Irina, sorprendida por el ataque no pudo evitar que aquel hombre la inmobilizara bajo su cuerpo. Jonathan tenía la ventaja y había inmobilizado a la Rusa, la tenía cogida de las muñecas, manteniéndola controlada contra el suelo.

-¡Dale su merecido!- gritó Jennifer

-La muy zorra se merece lo peor- agregó -Destrózala y violala, que no quede nada de ella.-

-¿Has oido? ¡eh!- preguntó el marido -Primero te voy a destrozar y luego te humillaré y acabarás chupando mi polla y tragando mi leche- agregó furioso.

Irina escupió algo en Ruso y acto seguido tensó su cuerpo y luchó contra aquel hombre.

Incrédulo, Jonathan fue incapaz de mantener los brazos de la Rusa apretados contra el suelo; poco a poco los músculos de aquellos brazos se hincharon y dotaron a Irina de la fuerza necesaria para contrarrestar el peso de Jonathan.

Él aumentó la presión y apretó los dientes pero, los brazos de la rubia iban ganando terreno poco a poco y, cada vez, estaban más lejos del suelo.

Jonathan apretó con todas sus fuerzas pero estaba siendo vencido por la Rusa. De repente, la rusa liberó sus muñecas con un rápido tirón y rodeó el cuerpo de Jonathan con brazos y piernas, apretó sus dientes y tensó todos sus músculos, constriñendo el cuerpo del hombre que gritó y pataleó pero no pudo liberarse del dolor.

Irina continuó apretando y retorciendo aquel cuerpo durante interminables minutos mientras Jennifer miraba la escena incapaz de creer lo que estaba viendo.

Jonathan se sentía aplastado contra el cuerpo de la Irina. Su cabeza estaba siendo enterrada entre los pechos de la mujer y cada vez le costaba más respirar. Notaba como los duros músculos de Irina se cerraban lentamente alrededor de su cuerpo. No podía hacer nada para evitarlo. Intentó gritar pero no quedaba aire en sus pulmones. Su visión empezó a nublarse mientras notaba como su cuerpo crujía incapaz de contener tanta presión.

Irina alivió la presión justo antes de que Jonathan perdiera la conciencia y se levantó, Jonathan se quedó en el suelo recuperándose mientras sus ojos miraban al techo y su cuerpo recuperaba el color.

-Tienes un hombre patético- dijo la Rusa mientras posaba desafiante ante los ojos de Jennifer con un pie en el cuello del marido.

-Puedo aplastarte como una cucaracha- agregó mientras aumentaba la presión y le aplastaba el cuello.

Jennifer no podía permitir aquello y, armada de valor se lanzó contra Irina sin ningún plan de ataque. La rabia la dominaba.

Consiguió tirarla al suelo pero, tras un forcejeo breve, la rusa entrelazó su cuerpo con el de la chica y utilizó de nuevo su fuerza y técnica para retorcer y torturar aquel cuerpo. Jennifer gritó y lloró, indefensa bajo la potente mujer.

Recuperado, Jonathan, aprovechó aquel momento para atacar de nuevo a la Rusa. Irina cayó y luchó, ahora luchaba contra los dos. Los tres cuerpos rodaron por el suelo entrelazados, forcejeando para conseguir el control.

Irina rodeó el cuello de Jennifer con su potente brazo y tensó sus músculos, aplastando a la mujer mientras, con sus piernas rodeaba el cuerpo del hombre y lo presionaba contra su sexo.

Disfrutó de aquel momento de dominio total. La pareja estaba indefensa bajo su poder. Tensaba y relajaba sus brazos y piernas, generando gran dolor en sus víctimas. Notó la cara de Jonathan apretada entre sus piernas y empezó a excitarse. Le excitaba dominar y ahora dominaba.

Liberó a la mujer y observó como se alejaba gateando y tosiendo. Jennifer se dejó caer en una esquina y miró con perplejidad a aquella mujer que se frotaba contra su marido.

Irina la miró fijamente con sus ojos azules mientras utilizaba el cuerpo del hombre para su placer. La Rusa se levantó y se plantó frente a Jennifer con los puños en las caderas y las piernas ligeramente separadas.

- ¡Quítame la ropa!- ordenó Irina, pero Jennifer la ignoró o tal vez estaba demasiado asustada para reaccionar.

Irina agarró a su víctima del pelo y la abofeteó durante varios minutos.

-¡Desnúdame!- ordenó de nuevo. Jennifer, temblaba y lloraba, incapaz de soportar aquello. Su hombre vencido en medio de la sala y ella arrodillada frente a la mujer que los agredía, incapaz de hacer nada.

La Rusa volvió a golpearla una y otra vez hasta que Jennifer asintió y le quitó la poca ropa que cubría su blanca piel. Irina se giró, mostrando su culo perfecto ante la vencida mujer. -Bésalo- ordenó con una sonrisa y Jennifer acató.

-Yo voy a destrozar, humillar y violar a tu “hombre”- agregó Irina mientras se agachaba y le arrancaba a Jonathan los gallumbos, dejándolo totalmente desnudo.

Jonathan luchó pero no podía con Irina. En un momento lo tenía retorcido como un prétzel y lo hacía gritar de dolor.

-Voy a enseñarte lo patético y ridículo que es tu hombre-

Irina obligó al hombre a colocar los brazos cruzados sobre su cabeza y se sentó sobre su cara, rodeando su cabeza con sus piernas e inmobilizando sus brazos. Usó sus pies para colocar la cabeza de Jonathan allí donde quería y con sus manos separó sus posaderas y hundió la cara del marido entre sus piernas. No pudo evitar soltar un gemido de placer al notar su cara contra su sexo.

-Ahora chupa- ordenó la Rusa pero Jonathan no quería cooperar

-Qhm pf fodpffh- gritó el hombre con todas sus fuerzas mostrando resistencia. Irina tensó sus piernas y notó como la cabeza se hundía entre sus piernas, aplastando su cara contra su sexo, impidiendole respirar.

Irina mantuvo esta posición un largo rato e ignoró los movimientos y pataletas de aquel hombre. Se quedó allí, ahogandolo con su sexo mientras miraba fijamente a aquella mujer temblorosa y patética que lloraba impotente ante lo que sucedía en su casa.

La Rusa relajó su presión y Jonathan consiguió respirar. Tomó varias bocanadas antes de que los muslos de la rubia volvieran a cerrarse con fuerza alrededor de su cabeza, ahogándolo de nuevo contra su sexo.

Irina repitió tal tormento varias veces, sin dejar de mirar fijamente a Jennifer, que seguiía temblando y llorando.

-Chúpame el coño si no quieres morir ahogado entre mis piernas- ordenó de nuevo la Rusa y, esta vez, Jonathan lamió con ganas aquel coño mientras las lágrimas de humillación recorrían sus mejillas. Irina disfrutó aquel momento. Luego, todavía sentada sobre la cara del hombre, agarró a la morena la rodeó con un brazo y la apretó contra su cuerpo mientras, con la otra mano le acariciaba el coño y la penetraba con sus dedos.

Jennifer intentó defenderse pero, de nuevo, la Rusa consiguió inmobilizarla entre sus brazos y continuó saboreando aquel cuerpo.

Se llevó el pecho de Jennifer a la boca y chupó y lamió el pezón mientras su mano se hundía en las rosadas paredes de su víctima. Jennifer gritaba de dolor y placer mientras aquella mujer la humillaba y violaba sobre su hombre.

-Mmmmh ¡que rica!- agregó -No pares de chuparme el coño- le indicó al hombre que tenía enterrado entre sus piernas mientras ella seguía lamiendo, chupando y perforando a la mujer.

Aumentó su excitación y, con ello su cadencia. Sus caderas se movían frenéticamente frotando su sexo contra la cara del hombre mientras lo mantenía apretado con fuerza entre sus piernas. Su lengua jugaba con los pezones de la mujer y saboreaba cada parte de su piel mientras, frenética, movía su mano rápidamente dentro y fuera.

Notó como llegaba el placer, cerró los ojos y aumentó la cadencia. Podía notar como se acumulaba la tensión, faltaba poco para disfrutar de un generoso horgasmo, de aquellos que se disfrutan pocas veces. Su mano seguía jugando con el sexo de la mujer, dilatando y inspeccionando aquellas húmedas cavernas.

Jennifer no se lo podía creer pero, notó como las sensaciones se acumulaban y, de repente, explotó un orgasmo que la hizo disfrutar, gozar y relamerse en los brazos de aquella mujer. Irina también se corrió con fuerza sobre la cara de Jonathan y milo espasmos recorrieron su cuerpo.

Irina se levantó y miró aquellos cuerpos semi inconscientes que se revolvían en el suelo, sometidos por un gran placer y dolor.

-Mañana volveré a por mi dinero- agregó antes de vestirse y desaparecer de aquella casa.





miércoles, 16 de mayo de 2012

La madrastra de Blanca

Blanca tenía una buena vida. Era hija única de una pareja adinerada, vivía en una gran mansión con servicio y disfrutaba de todos los caprichos.
Era una niña feliz en un mundo feliz y todo iba bien hasta que las desgracias empezaron a brotar.
Con 9 años y a causa de un accidente de tráfico, su madre murió y su padre perdió la movilidad en la parte inferior del cuerpo.
Al poco tiempo, su padre, volvió a casarse con una jóven deportista.

A Blanca nunca le gustó aquel cambio en su vida, no habían pasado ni 6 meses entre la muerte de su madre y la boda de su padre con Elena, nombre de la nueva “mama” de Blanca.
La odiaba, era una mujer joven y extremadamente guapa, para ella, estaba claro que su interés por su padre era puramente financiero ya que su padre disponía de una pequeña fortuna.
Las discusiones eran normales en aquella casa tras la entrada de la nueva mujer. Blanca no soportaba a Elena y odiaba a su padre por haberse olvidado tan rápido de su madre. Las relaciones eran frias y distantes. Su padre se pasaba la mayoría del tiempo con Elena y ella se sentía abandonada y olvidada. Suerte que la compañía de sus amigos, hacían su vida más agradable.
A los 11 años, una nueva tragedia la sacudió. Su padre murió en la cama, víctima de un ataque cardíaco.

Elena pasó a ser el tutor legal de Blanca, pese a las quejas de la niña, que culpaba a su madrastra de las desgracias acontecidas. En ese momento la vida de la pequeña Blanca cambió de repente.
Antes de la muerte de su madre, era una niña consentida y mimada, que tenía una vida feliz y repleta, ahora, tras la muerte de su padre; Elena había tomado el control (al no tener más familiares) y su vida había cambiado.

La deportista había echado a todo el servicio y obligaba a la niña a cumplir sus órdenes, la pequeña tenía que realizar todas las labores de la casa. Tenía prohibido verse con sus amigos y era golpeada por parte de su madrastra siempre que se quejaba o, símplemente no llegaba a los niveles exigidos por Elena.

Blanca siempre había odiado a aquella mujer, ahora la aterrorizaba. Sentía verdadero miedo y temía por su integridad física. Aquella mujer era grande y fuerte pero, tras la muerte de su padre, dedicaba todavía más tiempo y esfuerzo levantando pesas y trabajando músculos. Cada día era más grande y fuerte que el anterior, cada día sentía más miedo.

Así pasaron los años, Convertida en la esclava de su madrastra, mientras ella soñaba (como en cenicienta) en que algún día llegaría su príncipe azul y devolvería su vida a la normalidad.
Creció barriendo, fregando y planchando mientras centenares de hombres (y mujeres) pasaban por la cama de sus padres y se quedaban horas o días entre las piernas de su odiada y temida madrastra. Pasaba noches en vela a causa de los ruidos y los gritos provinientes de la habitación contigua.

Blanca tenía ya 14 años y se había pasado los últimos 3 sirviendo los deseos de su perversa madrastra. Sólo descansaba cuando Elena tenía que irse a participar en competiciones de Culturismo y Fitness. Fue en uno de esos descansos cuando conoció a un chico llamado Jaime.

Jaime era 4 años mayor que ella, con lo que ya había llegado a la mayoría de edad. Pese a su diferencia en años, la vida había echo madurar a Blanca y ambos se sentían atraídos pero, Blanca temía las represalias de su madrastra, tenía prohibido cualquier contacto social y mucho menos uno de tipo sentimental.
Llevaron su relación amorosa en secreto y todo funcionó bien, Blanca sintió de nuevo felicidad en muchos años y se sentía segura y feliz junto a su “príncipe azul”. Nunca le dijo a su chico la verdadera realidad en su casa. Él simplemente tenía prohibido aparecer por allí ya que su madrastra no aceptaría tal relación.

Blanca era feliz (dentro de sus limitaciones) hasta que, un día el timbre de su casa sonó y su alegría se acabó. Al abrir la puerta se encontró con Jaime. Él había ido hasta su casa para declararle su amor de manera abierta, no entendía la razón por la cual debían llevar su relación en secreto y pensó que aquella era la mejor manera de darse a conocer.

Blanca se asustó e intentó que Jaime se marchara antes de que su madrastra se interesara por lo que estaba ocurriendo pero, fue incapaz de convencer a Jaime antes de que Elena apareciera. El chico se quedó impresionado al ver aquel cuerpo, alto y sensual aparecer en la puerta.

La madrastra hizo entrar al jóven en la casa, mostrando una simpática sonrisa y gran amabilidad.
Los tres se sentaron en el sofá y Jaime, ignorando los consejos de su novia; explicó a la sensual (y simpática) madrastra lo mucho que quería a Blanca y que nada ni nadie haría que aquellos sentimientos cambiaran.

La mujer le preguntó acerca de sus sentimientos, sus planes y ambiciones, su edad y arquitectura familiar. Luego preguntó acerca de la pareja: cuánto tiempo llevaban saliendo, dónde se encontraban, cuándo se encontraban, quién lo sabía, etc.
Jaime contestó con sinceridad pese a los apretones y disimuladas patadas de su novia.

La jóven sufría ya que, aquella escena no era natural, su madrastra no se comportaba así, no era simpática ni agradable. Era una bruja cruel y despiadada que sólo pensaba en sus intereses. Todo parecía normal pero Blanca sabía que aquella situación era falsa y no sabía como detenerlo.

Elena, con una gran sonrisa, continuó preguntando a Jaime acerca de su relación con su “amada” hija y, de repente le preguntó si si él era vírgen.

Jaime se sintió incómodo, no esperaba esa pregunta. “¿Ya te la has follado?” agregó Elena al no obtener respuesta por parte de Jaime. Él no sabía qué responder, sonrió y no quiso contestar. Elena, decidida y rápida, abofeteó la cara del muchacho. Jaime se quedó congelado, incapaz de asimilar lo que acababa de ocurrir.

“Que si ya te la has follado” repitió Elena mientras se recogía el pelo. Una táctica muy utilizada para mostrar sus armas. Los ojos de Jaime se clavaron en los bíceps de aquella mujer, grandes, duros y mucho más fuertes y potentes que los suyos. Pudo ver como los músculos de aquellos brazos bailaban mientras la mujer se hacía la coleta en el pelo.

Elena disfrutó al notar esa expresión de incredulidad y ver como el chico miraba embobado sus brazos. La gata había cazado al ratón. Otra bofetada le cruzó la cara y lo devolvió a la normalidad “¡responde!” gritó la mujer enfadada tras cruzarle de nuevo la cara.

Jaime tembló y se tocó la mejilla y tras un incómodo silencio, respondió que no.
“¿Porqué no? ¿Acaso eres maricón?” preguntó inmediatamente la madrastra en un tono más agresivo. Jaime no sabía dónde meterse, aquello se estaba convirtiendo en algo realmente incómodo. “N... no” repondió sonrojado.
“¿Entonces? ¿No te funciona la polla?” agregó la mujer agresiva “¿Nunca te la han chupado?.
Jaime no sabía dónde meterse. “Si, cla...claro que funciona” balbuceó.

“¿Todavía eres virgen?”. Jaime perdió el contacto con los ojos de la mujer, aquellos ojos lo penetraban y lo hacían temblar de miedo. Pensó rápidamente la respuesta y orgulloso respondió: “Si señora, me reservo para Blanca”.

“¿Entonces cómo sabes que funciona? ¿Te tocas como los monos?”, Esta vez no le quedaba salida, para ser consecuente sólo podía responder una cosa: “Si, a veces me masturbo”.
Elena se acercó un poco más al chico y colocó una mano entre sus piernas, acariciándole la polla. “¿Te gusta?” preguntó sensual mientras su mano recorría su falo.

Los ojos de Blanca se abrieron como platos al ver lo que estaba sucediendo. No podía creerlo. Indignada suplicó a su madrastra que dejara en paz a su hombre. Jaime sudaba y temblaba sin saber dónde meterse mientras su polla crecía y crecía bajo las experimentadas manos de la madrastra. Cogió aquella mano e intentó apartarla sin éxito de su zona viril.
Jaime intentó separarse de aquella mujer, liberarse de aquel incómodo placer pero la madrastra lo evitó acercándose más a él, apretando más su cuerpo contra el suyo mientras con los dedos desabrochaba aquellos pantalones y liberaba la polla de aquel muchacho sin que él pudiera evitarlo.

Unas lágrimas secas y dolorosas resbalaron por las mejillas de la jóven mientras veía como su madrastra dominaba a su novio frente a sus ojos. Él la miraba, incapaz de comprender lo que ocurría, suplicando ayuda con la mirada.

Jaime vió las lágrimas en los ojos de Blanca y no pudo soportarlo, rápido y decidido apartó a Elena de un empujón y se levantó del sofá. con la polla dura y los pantalones en la rodilla. “Se acabó, vámonos Blanca” dijo mientras se subía los pantalones.
Blanca sufrió por él. Acababa de despreciar a su madrastra y aquello no era bueno. Blanca la conocía, conocía su furia y agresividad, su maldad y sadismo, intentó decirle que mejor corriera pero no tuvo tiempo.
Elena agarró a Jaime y lo llevó de nuevo al sofá, Jaime luchó contra aquella mujer pero, no era lo suficientemente fuerte para evitarlo, él no era consciente pero aquella mujer era fuerte como 3 Jaimes.

A los pocos segundos de forcejear, Elena tenía a Jaime de nuevo dominado, esta vez había usado su superioridad física y sus trabajados músculos para inmovilizarlo. Jaime no podía creerlo. Él había usado toda su fuerza y determinación para evitar que aquella mujer volviera a humillarlo pero, en segundos y fácilmente, aquella mujer lo había inmovilizado y jugaba con su polla sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. Enfadado, tensó su cuerpo, convencido que aquella mujer no podría compensar la fuerza que su cuerpo de hombre podría generar, tensó sus músculos y se esforzó por liberar sus brazos, sacudió su cuerpo y gritó de furia pero no logró escapar.

Elena casi no tuvo que hacer fuerza para mantener a Jaime preso y dominado bajo su poder. Continuó acariciando y frotando su polla. Era un hombre débil, muy débil iba a disfrutar jugando con ellos, rompiéndo a aquel hombre, destrozando al “príncipe azul” frente a los ojos de su doncella. Se rió a carcajadas al ver al chico asustado e indefenso bajo su control.

Lamió la cara del muchacho mientras lo masturbaba con experiencia. “Esta casa es mia, y lo que hay en ella también. Blanca es mia y tú, ahora tambien.” Le susurró la madrastra mientras mordisqueaba su oreja. “Te voy a convertir en mi puta, en mi esclavo personal.”.
Jaime temblaba, incapaz de procesar lo que ocurría, nunca en su vida se había sentido tan humillado e impotente. Sorprendido por la fuerza y dominación de aquella mujer, Jaime empezó a llorar entre súplicas mientras Elena disfrutaba de su poder. “Por favor, déjame ir, no le diré nada a nadie” suplicó Jaime entre sollozos.

Blanca también lloraba al ver lo que su madrastra le hacía a su novio. Elena la miró a los ojos mientras masturbaba a su nuevo juguete “Es tan patético y cobarde como tú” le espetó con una mirada fría y penetrante. “Ahora es mio y lo usaré cuando quiera.”.
La pareja lloraba mientras la culturista disfrutaba dominando aquellos seres patéticos e inferiores. Aumentó el ritmo de la masturbación mientras mordisqueaba la oreja y lamía la cara y el cuello del muchacho ante la impotente mirada de su pareja.

“¡Córrete” le ordenó entre susurros y Jaime, con lágrimas en los ojos se dejó llevar y notó como el placer del orgasmo invadía su cuerpo y, justo cuando iba a eyacular, los dedos de Elena se cerraron fuertemente en su sexo, estrujando la base de su polla y cerrando el paso del semen.
El placer, se convirtió en dolor y Jaime gritó y lloró mientras la mujer le negaba dolorosamente su orgasmo. Nunca antes Jaime había experimentado tal sensación de dolor. Lloró de dolor mientras la mujer reía a carcajadas orgullosa de su actuación y su semen se compimía en sus pelotas, incapaz de ser liberado, generando un gran dolor.
Elena dibujó una gran sonrisa mientras mantenía el cuerpo del muchacho inmóvil y dominado, “¿Duele?” le preguntó con tono sarcástico.

“¿Quieres que te haga otra paja o prefieres que ella te chupe la polla?” le preguntó la cazadora a la presa.
Jaime, incapaz de soportar de nuevo ese dolor negó y, entre sollozos, suplicó perdón y clemencia. Elena se excitó al constatar su dominio sobre aquel muchacho. “Dilo” le ordenó, “Di lo que quieres y lo tendrás” agregó la sádica culturista.
Blanca no podía creer lo que estaba ocurriendo, no creía que su madrastra fuera capaz de tales acciones, era mala pero nunca imaginó que fuera tan sádica, malvada y perversa. “No quiero chuparle la polla” indicó Blanca, no voy a hacerlo, suéltalo le ordenó entre sollozos.

“¡Oh! ¿has oido lo que ha dicho mi hija?” Preguntó Elena mientras con su mano continuaba apretando la polla de Jaime. “Quiere que vuelva a hacerte daño en vez de darte placer. Muy mala chica” agregó entre risas a la vez que iniciaba la masturbación de nuevo.
Jaime, lloró y suplicó que no, que no quería sufrir de nuevo, que por favor se detuviera. “Ya la has oído” respondió cínica “¿Prefieres que Blanca te chupe la polla?” Jaime, incapaz de soportar de nuevo tanto dolor repondió que si, que por favor. “Pero... ella no quiere, prefiere que te haga una pajilla y verte sufrir” agregó entre risas.
Jaime, miró a Blanca con súplicas en los ojos. “Por favor”.
La chica no pudo mantener aquella mirada y apartó los ojos, no iba a dejar que su madrastra la humillara de tal manera, no iba a pasar por el aro. Jaime es quién se había presentado ignorando sus avisos, Jaime era quién no tenía la fuerza suficiente para detener a su madrastra y proteger a su novia, él tenía la culpa de esa situación y no iba a ser ella quién sufriera las consecuencias. Era vírgen, nunca había chupado una polla y no pensaba hacerlo ahora, humillada frente a su malvada madrastra. No iba a darle tal placer.
“Ya ves que zorra” dijo la mujer mientras aumentaba el ritmo y la presión en la polla de su esclavo “No quiere ayudarte, prefiere verte sufrir” agregó entre carcajadas.

Elena miró fijamente a Blanca mientras masturbaba al chico, aumentó el ritmo y la agresividad, golpeando sus pelotas con cada bombeo, haciendo que Jaime gritara de dolor.

“¿Quieres que acabe el sufrimiento?” susurró la agresora “Si quieres puedo obligarla a chuparte la polla... ¿quieres disfrutar de una buena mamada?”. Los ojos de Blanca se abrieron como platos al oír aquella pregunta, asustada por lo que podía ocurrir pero, Jaime era un caballero y no permitiría que algo así le pasara.
“¡Si, por favor!” gritó el chico entre sollozos. a la vez que a Blanca se le detenía el corazón y se quedaba allí petrificada, incapaz de reaccionar.

Elena no esperó ni un segundo, agarró del pelo a la chica y la obligó a arrodillarse entre las piernas del muchacho. “Hombres, todos son iguales, sólo piensan en ellos” le dijo antes de agarrarla por el pelo y hundir su cabeza entre las piernas del muchacho.
La obligó a chupar aquella polla mientras se reía de lo patéticos que eran. “Chupa bien, quiero que se corra en tu boca y que te tragues su leche”.
La culturista mantenía la cabeza de la chica agarrada por la nuca y marcaba el ritmo de la mamada, disfrutaba aumentando el ritmo y hundiendo profundamente la polla del muchacho en la garganta de su mimada y consentida ahijada.
Jaimé sintío de nuevo el placer del orgasmo y Elena también “¡Traga!” ordenó la madrastra, “Chupa y traga hasta la última gota de semen” repitió a gritos mientras mantenía la cabeza inmóvil.

Se levantó del sofá, liberando a los dos cuerpos. Blanca cayó al suelo, tosiendo, llorando y respirando con dificultad mientras Jaime se recuperaba de la eyaculación y recuperaba las fuerzas.
Elena quería acabar de humillar a aquel hombre frente a su novia y sabía perfectamente como hacerlo. Abrió la cómoda y buscó su dildo strap-on más grande, duro y gordo que encontró: largo como un brazo y ancho como un puño. Nunca lo había usado, era demasiado grande y podía provocar muchos daños pero, ahora quería provocar muchos daños, quería destrozarlo delante de Blanca, sonrió antes de desnudarse y colocarse aquel monstruo.

En el salón, la pareja continuaba fuera de juego, recuperándose. Elena apareció de nuevo antes de que pudieran levantarse. Desnuda, con los músculos hinchados y armada con 60 cm de polla se presentó de nuevo frente a la pareja.
“Ahora me toca disfrutar a mi” agregó entre risas. Ninguno de los dos se creía lo que frente a ellos había.
Agarró a Jaime del pelo y lo obligó a arrodillarse. “Ahora chupas tú” le indicó a la vez que introducía la punta de aquel monstruo en la boca del muchacho. Lo agarró con fuerza y tiró de él, hundiendo aquel falo en su garganta. “Oh si”.
Jaime luchó por evitar tal situación pero, de nuevo, no pudo hacer nada contra la superioridad física de aquella amazona.

“Mira como la chupa tu príncipe azul” le indicó a Blanca, quién todavía no había recuperado el aliento.
Jaime hizo lo que pudo pero era imposible introducir aquella polla entera en la boca. “Chupa bien, tu saliba será todo el lubricante que use cuando te la meta por el culo y te folle como a una puta” le dijo la culturista.
Jaime sintió pánico al conocer la noticia. No, eso no, haría lo que ella le pidiera pero no hiba a dejarse violar por una mujer y menos con eso. Lloró y suplicó mientras aquella mujer lo obligaba a chupar aquella polla enorme. ¿Porqué Blanca no hacía nada, porqué no lo ayudaba?

“Entonces ¿No habéis follado todavía?” le preguntó a Blanca pero ella no contestó, la odiaba, siempre la había odiado pero ahora la odiaba más y también lo odiaba a él por haber permitido que ocurriera lo que había ocurrido.
“¿No sabes follar muchacho?” le preguntó divertida mientras otra idea de humillación y dominación se creaba en su cabeza. “Te voy a clavar esta polla profundamente por el culo y no te va a gustar, seguramente te reviente por dentro pero.. si me demuestras que sabes follar te respetaré y no te desvirgaré el culo. Tú eliges: follar como un hombre o ser follado como una puta”.

Blanca no podía creer aquello y, ahora tenía claro que iba a eligir ese cabrón. Intentó correr y uír pero Jaime fue más rápido.
“Lo siento” le dijo antes de tirarla al suelo. Blanca luchó pero no pudo hacer nada para evitar que Jaime la controlara, ella no tenía la fuerza de su madrastra. Ojalá la tuviera pensó en ese momento.

Elena se sentó en el sofá y se masturbó mientras observaba como Jaime violaba a Blanca bajo sus órdenes: primero le ordenó que le perforara el culo, luego el coño del derecho y del revés. Blanca lloraba, chillaba y se maldecía mientras ‘su principe azul’ la violaba delante de su malvada madrastra.
Elena lo obligó a correrse varias veces y a rellenar cada agujero con su blanca y caliente leche de hombre.
“Muy bien hombretón” le dijo la culturista “ven, acércate” ordenó la mujer.

Jaime, cansado y dolorido se acercó a la mujer mientras Blanca se retorcía en el suelo, llorando y maldiciendo su vida. “Por favor, he hecho lo que me has ordenado, déjame ir” le suplicó Jaime mientras se acercaba a ella.
“¿Sabes lo que te he dicho antes? ¿que si te follabas a Blanca no te rebentaría el culo? pues... mentí jajaja”.
Jaime lloró como una niña al oír aquellas palabras y ver como aquella mujer, musculada, agresiva y cruel se levantaba y acercaba a él con aquella polla todavía montada entre sus piernas.

Jaime no pudo evitarlo. Elena lo perforó sin miramientos y disfrutó de generosos orgasmos mientras la sangre brotaba de las heridas internas que, con su enorme polla y agresividad estaba causando en el muchacho.
“Mira a tu príncipe azul” ordenó la madrastra. “Mira lo patético, insignificante e inútil que es”.

Jaime lloraba y sentía como su carne se abría y sus tejidos de desgarraban bajo los embites de aquella mujer. Durante días Elena utilizó a Jaime para su placer. Perforó su cuerpo, retorció sus huesos y aplastó su cara contra su sexo. Lo obligó a lamer, chupar e incluso limpiar sus más íntimos agujeros con su lengua. Le hizo masajear, besar y acariciar sus músculos, besar sus pies e incluso lo utilizó de Water.

Usó también el odio de Blanca, convenció a la chica para que le devolviera la humillación y dolor que Jaime había causado al violarla. Blanca disfrutó violando a Jaime, usó una polla de goma y Elena disfrutó mucho del espectáculo.

El último día lo pasó torturando aquel cuerpo. Lo aplastó bajo su superioridad física, lo usó de saco de boxeo y antes de dejarlo ir lo obligó a lamer por última vez su culo.

A raíz de aquella experiencia, Blanca odió a los hombres y trabajó duro para tener un cuerpo fuerte y musculoso, capaz de dominar a los hombres y protegerla de ellos. No la volverían a violar.

FIN

martes, 31 de mayo de 2011

La Diosa y el Gigoló

Un gigoló es contratado por una mujer bella y sensual con la que obtiene la experiencia más intensa de su vida sexual.

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PROHIBIDO PUBLICAR, EDITAR O MODIFICAR SIN EL PERMISO EXPRESO DEL AUTOR. ESTA HISTORIA RELATA DOMINACIÓN FEMENINA Y PUEDE CONTENER VIOLENCIA (GORE) Y SEXO EXPLÍCITO, SI NO ERES MAYOR DE EDAD O NO TE GUSTAN ESTE TIPO DE HISTORIAS, POR FAVOR, NO SIGAS LEYENDO.
AGRADEZCO CRÍTICAS TANTO A LA DIRECCIÓN DE E-MAIL COMO AL BLOG
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Durante todos mis años trabajando de gigoló / chapero / boy /stripper nunca antes había sido contratado por una diosa como aquella.

Lo normal era llegar a casas dónde; gordas, viejas o feas con dinero se abrían de piernas para ser perforadas por mi potencia sexual y mi enorme falo. Mujeres realmente asquerosas, incapaces de obtener sexo sin pagar.

Aquella mujer no era vieja ni gorda ni fea, sino todo lo contrario, una mujer de unos 30 años, alta, de curvas sensuales y cara angelical. No tuve que hacer trabajar mi imaginación para que mi polla creciera excitada. Sólo tenía que mirarla.

No hubieron palabras. La mujer me permitió pasar en la habitación y, una vez dentro, me desnudó lentamente y acarició mi musculado cuerpo entre gemidos de placer mientras se mordía sensualmente los labios.

Sus manos acariciaron mi piel y palparon mi cuerpo. Sus dedos se cerraban con deseo sobre mis músculos. Chupó mis pezones y se apretó contra mi cuerpo.

Me agarró de la nuca y me llevó a su boca, con los tacones era algo más alta que yo, noté como su lengua se introducía decidida mientras con su mano acariciaba mi polla. Me mantuvo así un buen rato, hundiendo su lengua en mi boca, saboreando mi ser mientras con sus dedos acariciaba mi polla.

Empujó de mis hombros y me sentó en la cama con la polla firme, se arrodilló entre mis piernas y, lentamente fue besando y lamiendo mi polla hasta que, finalmente, la introdujo en su sabrosa boca y la chupó con experiencia. Instintivamente la agarré del pelo pero ella me apartó las manos impidiendo que la tocara.

Chupó hasta que llegué al límite y, antes de correrme, se detuvo y apretó mi polla entre sus dedos, frustrando mi orgasmo. Me miró y se rió antes de volver a introducir mi polla entre sus labios y repetir el proceso.

Estuvo un buen rato chupando mi polla y llevándome al límite, se detenía antes de que llegara al orgasmo. Aquello la divertía, controlar mi eyaculación la excitaba pero a mi ya me empezaban a doler los huevos. Lo notó en mis ojos ya que detuvo sus mamadas.

Me empujó levemente de nuevo, tumbándome en la cama boca arriba y gateó sobre mi cuerpo hasta sentarse en mi pecho. Entonces empezó a desnudarse lenta y sensualmente. Primero se quitó la blusa y liberó sus preciosos pechos del sujetador. Las tetas parecieron saltar de alegría al ser liberadas de su mazmorras y pude ver los pezones, grandes y duros, excitados.

Luego se puso de pié (colocando sus pies al lado de mi cabeza) y se liberó de la falda y las bragas, dejando ante mi la visión de su cuerpo desnudo. Volvió a sentarse sobre mi pecho y empezó a acariciar su cuerpo y sus pechos mientras jadeaba de placer. Estaba muy buena, no se porqué pagaba, podía tener a cualquiera en cualquier discoteca.

Mis manos sintieron el impulso de agarrar aquellas tetas y frotar aquel cuerpo pero la mujer, agresiva, me agarró de las muñecas y colocó mis brazos bajo sus rodillas. Una vez inmóvil continuó acariciando su cuerpo de diosa mientras mi excitación crecía exponencialmente.

Quería tocar aquel cuerpo con mis manos, quería hundir mi polla en aquel culo precioso, quería lamer y chupar sus sabrosos pezones, quería tomarla y poseerla salvajemente pero no podía salir de debajo suyo y mis brazos estaban bien sujetos bajo su control.

Sus manos ya habían dejado de deslizarse por su cuerpo y habían encontrado algo con lo que jugar. Su mano derecha acariciaba sus pechos y pezones, mientras los dedos de la mano izquierda se abrían camino entre las rosadas paredes de su sexualidad. Todo ello sensual, erótico y lento. La lengua humedecía sus labios y sus ojos me miraban ardiendo.

Deslizó sus caderas y me acercó su sexo a la boca, pude olerlo y notarlo, saqué mi lengua con la intención de lamer y saborear aquel coñito precioso pero entonces lo apartó un poco más, levanté la cabeza para llegar a él pero, de nuevo, lo alejó de mí con una sonrisa en la cara.

Podía ver su coño a pocos centímetros de mi boca y deseaba saborearlo, pero ella jugaba conmigo alejándolo de mí cada vez que intentaba lamerle el coño. Me sentía frustrado y estaba ansioso por poder follar a aquella mujer, tan cercana y a la vez tan intocable.

Aquella mujer había despertado el deseo en mí e intenté tomar el control, apartarla de encima mio y penetrarla con furia, follármela y descargar dentro de ella... no pude apartarla de encima, creo... que ni tan solo se dio cuenta de mis intenciones, continuó masturbándose a pocos centímetros de mi boca alimentando así mi deseo de tomarla.

Momentos después sus ojos se cerraron, su cuerpo tembló y múltiples orgasmos recorrieron su cuerpo generando olas de placer, yo miraba aquello encendido pero incapaz de tomar partido.

Se llevó sus húmedos dedos a la boca y limpió sus dedos con pasión mientras me miraba fijamente con los ojos entrecerrados. Mi polla temblaba impaciente por penetrarla mientras su olor invadía mis sentidos.

Giró su cuerpo, colocándose de cara a mi pies, en posición de 69. Me alegré enormemente al poder ver aquel sabroso, dilatado y húmedo coño presentarse abierto ante mi boca.

Saqué la lengua y estiré el cuello para poder llegar a saborear aquella excitante mujer. Podía oler su aroma y notar el calor que su sexo desprendía pero, de pronto, cerró las piernas y mi cabeza quedó prieta contra sus muslos, inmóvil a pocos centímetros de lo que se estaba convirtiendo en una obsesión.

Usé mis manos para abrir aquellas piernas que aplastaban dolorosamente mi cabeza sin éxito. Podía notar, bajo aquella piel suave y tersa, unos músculos duros y potentes contra los que con mis brazos no podían luchar.

Agarró mis muñecas y llevó mis brazos contra mis costados, inmovilizándolos de nuevo bajo su control. Luché para liberarme pero ella estaba en mejor posición para someterme bajo su cuerpo.

-Estate quieto putita- me dijo antes de aumentar la presión en sus muslos y aplastar dolorosamente mi cabeza con ellos. No pude hacer nada para aliviar el dolor ya que sus dedos continuaban clavándose en mis muñecas, inmovilizando mis brazos en mis costados mientras sus piernas me robaban el aire..

Me sentí aliviado cuando liberó su presión y mis pulmones pudieron llenarse de nuevo con oxígeno.

-Suéltame- le ordené balbuceando cuando hube recuperado el aliento.

-No- contestó seca y autoritaria.

-Eres mi putita y te voy a follar todo el rato que quiera- agregó antes de introducir de nuevo mi polla entre sus labios carnosos.

No pude evitar soltar un gemido de placer al notar aquella lengua recorriendo mi piel. Mi cabeza seguía sujeta entre sus muslos y podía ver su ardiente coño palpitar a pocos centímetros de mi boca. Su aroma era intoxicante y perturbador. El placer inundaba mi cuerpo mientras aquella experimentada mujer chupaba y lamía mi polla con gran maestría.

El placer aumentaba y notaba como el orgasmo inundaba mi ser. Mi piel temblaba, listo para eyacular litros de leche. Mis glándulas se abrían listas para liberar mi esperma con fuerza. Cerré los ojos, listo para disfrutar de una buena corrida en la boca de aquella diosa.

Lo notaba llegar y ella también. Tensó su cuerpo y sus muslos se cerraron de nuevo con fuerza alrededor de mi cabeza, aplastando mi cráneo e impidiendo que mis pulmones recibieran aire a la vez que sus dientes se clavaban en mi polla impidiendo la eyaculación.

El placer que hace pocos segundos inundaba mi cuerpo se había convertido en un gran dolor. Tuve que tensar mi cuerpo y forzar mis músculos para contrarrestar su presión y no acabar destrozado entre sus piernas mientras intentaba, sin éxito, respirar y liberarme de aquella tortura.

Segundos más tarde, relajó su cuerpo y pude, por fin, respirar. Me sentía mareado y falto de oxigeno. Tomé grandes bocanadas de aire mientras ella se reía a carcajadas.

-¿Te gustaría correrte en mi boca verdad putita?- me preguntó tras liberar mi polla de entre sus dientes.
Me sentía cansado, excitado y dolorido. Una mezcla extraña de sentimientos contradictorios me invadía mientras aquella mujer me utilizaba para sus caprichos.

-Me encanta comer pollas, pollas duras y cargadas de leche- dijo antes de lamer lentamente mi glande con la punta de su lengua.

Seguía prisionero de su cuerpo y esclavo de sus deseos. Intenté de nuevo liberarme pero, estaba demasiado cansado para conseguirlo. Revolví mi cuerpo, patelé y le ordené me soltara con el aliento que me quedaba pero sólo conseguí que la mujer tensara de nuevo su cuerpo. Noté como sus dedos se clavaban en mis muñecas mientras sus muslos se apretaban con fuerza aplastando mi cabeza e impidiendo el paso del aire.

Sentía como mi ego masculino desaparecía bajo aquella humillación. Tenía sobre mi a la mujer más bella con la que me había acostado jamás y era incapaz de disfrutar de aquello. Me sentía utilizado, violado por aquella belleza que me agobiaba y me excitaba hasta límites jamas conocidos.

Introdujo mi polla en la boca y la chupó con energía mientras continuaba estrangulándome entre sus piernas.

Relajó la presión justo antes de que perdiera la conciencia. Sus labios continuaron deslizándose por mi polla alimentando mi excitación y la cantidad de semen de mis huevos.

Vencido, me descubrí a mi mismo llorando y suplicando clemencia a aquella mujer, mientras ella, continuaba disfrutando chupando mi polla y apretándome contra su cuerpo..

-Por favor, basta- supliqué entre lágrimas.

-¡Oh! mi putita está llorando ¿te duele algo putita? ¿demasiada mujer para tan poco putita?- preguntó entre mamada y mamada pero no se detuvo. Continuó disfrutando de mi sexo. Chupando, lamiendo y besando mientras me mantenía bajo su poder.

Mis súplicas no cesaron pero ella las ignoró y aumentó el ritmo con el que disfrutaba de mi sexo mientras yo hacía los mismo con el volumen de mis quejidos.

-¡Calla y chupa!- gritó la mujer a la vez que me liberaba y se abría de piernas ante mi cara, sus ojos me miraban llenos de odio. Durante unos segundos pensé que la humillación y el dolor habían acabado y que ya podía disfrutar de aquello. Usé mis manos para separar su nalgas, saqué la lengua y me preparé para saborear aquel coñito que olía tan bien.

La mujer se sentó de repente sobre mi cara, hundiendo mi lengua en su agujero del culo a la vez que inmovilizaba mis brazos, de nuevo, bajo su cuerpo.

-Chupa, besa y limpialo todo bien con tu lengua- me ordenó una vez recuperó el control de la situación, pero yo no tenía intención de rebajarme más. Aquello había acabado.

-Ahora verás zorra!- grité entre sus nalgas (no se si lo oyó).

Decidido y enfadado, usé todas mis fuerzas para apartar a aquella mujer y terminar con aquella humillación Casi lo había conseguido cuando, de repente, un dolor agudo en mi escroto recorrió mi cuerpo y me hizo gritar como nunca.

Estaba aplastando mis pelotas con sus manos, generando un dolor increíble.

-Besa mi culo o te arranco los huevos- sus ojos, ardientes me miraban por encima de su hombro mientras sus manos se cerraban sobre mi escroto y sus uñas desgarraban mi piel.

Besé su culo, lo llené de besos mientras mis lágrimas mojaban mis mejillas.

-Muy bien putita-

Yo continue besando con ansia aquel culo mientras ella continuaba aplastando mis huevos.

-Ahora lame, mete tu lengua profundamente en mi ano y lame, limpia y chupa- ordenó a la vez que disminuía su presión sobre mi escroto.

Respiré y recuperé fuerzas. Aquello no me gustaba, me sentía violado y humillado por aquella mujer contra la que no podía vencer. Reuní valor y me planté.

-No pienso hacerlo, ¡suéltame ya! No conseguirás que siga cumpliendo tus deseos- contesté en un tono autoritario.

-¡¿Ah no!? ¿ya veremos?- respondió antes de aumentar la presión en mi escroto. Ambas manos se cerraban con fuerza, aplastando mi sexo entre sus dedos.

-Hunde tu lengua en mi culo si no quieres quedarte sin huevos!- ordenó aquella mujer mientras el dolor recorría mi cuerpo.

Incapaz de soportar tanto dolor, acaté sus deseos y hundí mi lengua en aquel ano y chupé, lamí, besé y limpié cada milímetro de su culo con mi lengua.

Ella gimió y disfrutó y, lentamente fue abriendo sus manos y liberándome de aquel dolor.

-Muy bien putita, sique así no pares... Mhhh. Más profundo, si... sigue...oh! muy bien ¿te gusta como sabe mi mierda? jajaja. No pares chupa oh si!.-

No paré de lamer aquel culo. Mi lengua se introducía profundamente y lamía con ganas aquel culo redondo y duro mientras la mujer se aceleraba cada vez más, perdida en los placeres carnales.

Poco a poco sus movimientos fueron acelerándose hasta convertirme en el objeto a follar. inmóvil entre sus piernas con la cabeza hundida entre sus nalgas mientras ella se frotaba con furia sobre mi cara. Aquello era agónico y asfixiante.

La humillación y el dolor eran inaguantables pero aumentaron varios niveles cuando agregó mi polla en su boca a la tortura recibida.

Chupaba mi polla con ansia y experiencia, impidiendo en todo momento que eyaculara. Manteniéndome siempre en un estado de ansiedad en el que nunca antes había estado.

- Ahora voy a follarte putita- me dijo antes de recolocar su cuerpo sobre el mio. Intenté evitarlo pero tan débil y cansado no pude evitar ser dominado de nuevo por aquella mujer. Sus dedos se clavaron de nuevo en mis muñecas y cruzó mis brazos sobre mi cabeza.

Rodeó mi polla con su coño y dejó que se deslizara hasta el final. Repitió el proceso lentamente, mirándome fijamente a los ojos con una sonrisa en los labios. Lentamente fue acelerando el ritmo hasta que cerró los ojos y me montó con ganas.

Tardé poco en explotar y soltar toda mi reprimida leche dentro de aquella mujer. Fue el orgasmo más grande y potente que nunca en mi vida había tenido. Ella continuó galopando con furia sobre mi cuerpo, asegurándose de ordeñar hasta la última gota de mi ser mientras, exhausto, me recuperaba mareado entre sus muslos.

-Muy bien putita. Suéltalo todo- dijo la mujer mientras bombeaba sobre mi cuerpo. Luego me presentó frente a la cara su coño dilatado y empapado en mi leche.

-Ahora chupa puta. Quiero que lo dejes todo limpio. Trágalo todo- agregó antes de sentarse sobre mi cara, aplastando su sexo en mi boca a la vez que colocaba mis brazos, de nuevo, inmóviles bajo sus rodillas.

Yo no pensaba tragar aquello, de ninguna manera iba a dejar que aquella mujer me humillara más pero, de nuevo, estaba indefenso bajo su control y no pude hacer nada para evitar que aplastara mi cara contra su sexo bañado en litros de jugos.

Me agarró del pelo y apretó mi cara con fuerza entre sus piernas mientras sus carcajadas resonaban en la habitación. -Así me gusta putita, saca la lengua, chupa y traga- agregó en tono agresivo. -ohhhh... que bien-.

Nuestros jugos sexuales rellenaron rápidamente todos mis orificios y me sentí obligado a chupar y tragar para poder respirar. No hubo opción para luchar ni posibilidad de evitarlo. Si quería respirar, tenía que tragar.

Pasé un buen rato, luchando por respirar bajo aquella mujer mientras lamía y tragaba sin descanso. Podía escuchar sus jadeos y gemidos mientras frotaba excitada su vagina contra mi cara. Momentos antes luchaba por poder lamer aquel coño y, ahora luchaba por alejarme de él.

No podía respirar y me encontraba exhausto. Noté como todo su cuerpo se tensaba y temblaba, como sus manos apretaban con fuerza mi cabeza contra su coño y como sus jugos rellenaban mi boca y se deslizaban por mi garganta.

Tuve que continuar chupando y lamiendo varios minutos antes de que me liberara de aquella violación a la que estaba siendo sometido. Si, aquella era la palabra, me sentía violado por aquella mujer.

La oí andar y encerrarse en el baño. Me sentía vacío y exhausto. Nunca antes me había sentido tan cansado, destrozado y apalizado en mi vida.

Poco a poco fui recuperando la fuerza y me incorporé en aquella cama, que había cogido mi forma. Las mantas estaban pegadas a mi piel a causa del sudor. Con un gran esfuerzo conseguí desmoldarme de aquel colchón y quedarme sentado. Recuperando fuerzas.

La puerta del baño se abrió y apareció de nuevo aquella mujer. Quería matarla, pero estaba tan cansado y asustado que no hice nada. Me quedé allí mirándola.

Mi corazón se aceleró y creí morir al ver aquella polla de goma colgar de entre sus piernas. Sus ojos ardientes me miraban fijamente mientras se acercaba lentamente hacía la cama balanceando aquel pollón entre sus piernas.

-Se que lo quieres.- me dijo al comprobar mi expresión de asombro e incredulidad.

-Pídemelo, dime que quieres que te folle putita. Demuéstrame lo mucho que quieres ser follado por mi gran polla.- agregó entre risas.

Aquello no lo iba a tolerar. Antes estaba en inferioridad pero ahora... Ahora no iba a permitir que aquella mujer me humillara más. Ya no estaba indefenso, ahora podía utilizar mi fuerza para evitarlo.

-Aquí, la única zorra eres tú y no pienso dejar que utilices eso conmigo.- dije tras ponerme de pie. Con la intención de intimidarla.

Aquella mujer avanzó un par de pasos, se agarró la polla y me miró fijamente a los ojos.

-Mejor te arrodilles y la chupes para lubricarla o sino tendré que hundirla seca y sin lubricación en tu culo prieto. ¿Eres virgen putita?-

La ignoré y cogí mis cosas, decidido a salir de allí. Ella estaba en medio de mi camino y no quería apartarse así que la empujé pero, ella me agarró con fuerza de la muñeca, retorció mi brazo en mi espalda y me empujó contra una de las paredes.

Asustado, comprobé que no tenía opción, luché y la golpeé con otro brazo (el libre), pero también lo acabó retorciendo en mi espalda, inmovilizándolo junto al otro.

El temor inundó mi ser al verme de nuevo indefenso a manos de aquella mujer que me mantenía prieto contra una pared y retorcía dolorosamente mis brazos. Yo gritaba y lloraba, totalmente vencido por ella.

-Pídemelo putita- me decía una y otra vez mientras retorcía mis tendones y me causaba un gran dolor.

-Pídeme por favor que te folle por el culo como la puta que eres.- decía una y otra vez mientras aumentaba la presión en mis brazos.

El dolor era tremendo y yo sólo podía llorar y suplicar clemencia a aquella mujer. Acaté sus órdenes y le grite que sí, que sí quería.

-¿Sí qué?- me preguntó la mujer -dímelo-

-SIII, POR FAVOR, FÓLLAME POR EL CULO COMO LA PUTA QUE SOY- grité entre lágrimas mientras notaba como los tendones de mis brazos estallaban bajo su presión.

-Muy bien putita-

Empujó mi cuerpo y me llevó hacia la mesa, manteniendo, en todo momento, mis brazos dolorosamente cruzados en mi espalda. Se colocó entre mis piernas, reubicó mis brazos (para poder tenerlos sujetos con una de sus manos) y, con la mano libre separó mis nalgas y colocó la punta de su polla en mi cerrado y prieto ojete.

-Pídelo por favor de nuevo- me dijo unas vez más.

Yo apreté los dientes y me negué a seguir con aquella humillación. No pensaba darle aquel placer.

Aumentó la presión y retorció un poco más mis brazos, causando un gran dolor. Grité como un loco mientras las lágrimas de dolor inundaban mi cara.

-No te he oido- agregó mientras aumentaba la presión.

-SIII, POR FAVOR, FOLLAME EL CULO, QUIERO SENTIR TU POLLA DENTRO DE MI!.

La mujer se rio y disfrutó de mi humillación mientras su polla se abría camino hacía las zonas más inexploradas y vírgenes de mi cuerpo. Noté como mi culo se dilataba dolorosamente y como, lentamente, iba destrozando mi ser.

Introdujo la polla hasta el final y luego la retiró también lentamente. Repitió el proceso, aumentando el ritmo poco a poco hasta llegar a sentirme follado por un toro.

No se cuanto tiempo pasó pero para mi fueron horas. Un interminable dolor, solamente superado por la humillación de ser violado por una mujer con cuerpo de diosa.

Retiró aquella polla de mi culo y sentí un gran alivio al pensar que todo había acabado.

-Ahora te voy a regalar la experiencia más orgásmica de tu vida- me dijo antes de introducir uno de sus dedos por mi ojete y jugar con mi punto G.

El orgasmo fue tan poderoso que perdí el conocimiento allí mismo. No se cuanto tiempo estuve inconsciente pero al despertar ya estaba sólo. La mujer se había ido sin pagar (ni a mí, ni al hotel). Tampoco pagó el médico ni la operación para reparar los daños sufridos en mi cuerpo...

Pero yo si pagaría por repetir los mejores orgasmos de mi vida con aquella diosa.

FIN

miércoles, 20 de abril de 2011

En la cama con una ninfómana

Nunca olvidaré el día en el que descubrí lo que realmente es una ninfómana.

Ninfómana: Mujer que siente un deseo sexual exagerado o exacerbado: las ninfómanas presentan un estado psíquico anormal y por lo general, no consiguen satisfacer sus necesidades sexuales. Adicta al sexo.

Tenía 19 años cuando la conocí. Su novio había cortado con ella y era una presa fácil para mis encantos (todas las mujeres despechadas son fáciles y tienden a buscar venganza usando otros hombres).

Su nombre era Angrid y tenía un físico de los que quitan el hipo: rubia, alta y con una cara angelical aunque, lo mejor estaba por delante y por detrás. Tenía unos melones y un culito preciosos. Toda una belleza abandonada a su suerte.

Ella era mayor, debía estar rondando casi los 30 años pero era demasiado bella y maciza para dejarla escapar por un detalle tan estúpido. Estaba mucho mejor que las chicas jóvenes que había en la discoteca. Al decir verdad, nunca había estado con una mujer tan bella. Todo en ella era perfecto y se notaba en mi entrepierna.

Rompí el hielo invitándola a beber algo y entonces fue cuando me comentó que su novio la había dejado y que necesitaba un hombre con el que desahogarse.

Mostrando un falso interés, le pregunté poqué la había dejado. Yo nunca lo haría (al menos hasta haber mojado).

No pude creer lo que me contestó: al parecer, su ex-novio (atleta profesional) la había dejado ya que no podía seguirle el ritmo a su apetito sexual. Me confesó que era ninfómana y que no podía dejar de pensar en follar.

Creí que mis pantalones iban a reventar, incapaces de sostener mi calentón.

La vacilé, diciéndole que si quería podría satisfacer sus necesidades sexuales conmigo y, ante mi sorpresa, aceptó decidida mi proposición y me llevó a su casa (en su coche).

Aquella iba a ser una noche inolvidable, no cómo yo pensaba pero si, inolvidable.

Al llegar a su casa, nos faltó tiempo para desnudarnos y empezar a follar. No me pude creer aquel cuerpo que tenía frente a mi para mi propio placer. Sólo podía describirse como: perfecto.

Se abrió de piernas e introducí mi excitada polla en su ser, jadeaba como una loca mientras yo la perforaba con ganas. Se apretó contra mi cuerpo y aumenté el ritmo, sus jadeos me volvían loco. La muy zorra no paraba de gritar y frotarse contra mi cuerpo.

Cambié de postura y ataqué por detrás, ella disfrutaba y gritaba. La agarré con fuerza de las caderas y le di con todo lo que tenía. Noté como temblaba entre mis manos mientras los orgasmos recorrían su cuerpo y me hacía sentir cada vez más excitado y orgulloso de mi “poder sexual” (en menos de 5 minutos la tenía gozando de generosos orgasmos).
No pude evitar correrme con ganas mientras ella todavía disfrutaba de sus orgasmos.

Saqué mi polla de su agujero de placer con la intención de disfrutar de un momento de relax tras nuestros generosos orgasmos pero ella lo evitó.

Me miró con sus ojos encendidos y me dijo que “no, que todavía no, quería más”. Sin darme tiempo a reaccionar, se agachó e introdujo mi flácida polla (enterita) en su boca.

Sentí un inmenso placer cuando su experimentada lengua empezó a trabajar en mi órgano sexual, cerré los ojos y disfruté de las sensaciones que aquella mujer conseguía obtener.

Chupaba mi polla con ansia y, a veces, era más agresiva de lo que me gustaba y sus dientes se clavaban en mi piel.

Jadeaba y gozaba mientras jugaba con mi polla. Lo hacía tan bien, le ponía tantas ganas que al rato mi polla ya estaba de nuevo lista para el combate.

Se estiró en la cama y me invitó a penetrarla de nuevo, mi polla se hundió sin obtener casi resistencia de su dilatado coño mientras apretaba mi cara entre sus pechos.

Me rodeó con sus piernas y bombeó junto a mi, haciendo que el ritmo fuera más rápido que antes. Chupé sus pezones y se endurecieron con rapidez mientras Angrid gozaba y gritaba. Aquella mujer parecía no tener fin.

Deslicé mis manos hasta sentir su duro culo (el culo más duro que jamás había follado) y la apreté con fuerza contra mi cuerpo para aumentar así su placer y funcionó.

La ninfómana empezó a gritar y temblar bajo poderosos orgasmos, sus piernas se cerraron con fuerza a mi alrededor y sus uñas se clavaron en mi espalda desgarrando mi piel. Grité de dolor pero ella continuó apretando mi cuerpo con fuerza mientras disfrutaba de increibles orgasmos.

Su coño continuaba bombeando, hambriento, mi polla y tras unos minutos de dolor y placer, volví a correrme salvajemente mientras ella, con los ojos cerrados, continuaba disfrutando.

Intenté apartarme de ella pero no lo permitió y continuó frotandose contra mi cuerpo mientras mi polla se deshinchaba entre sus piernas.

Me sentía agotado y sólo quería que acabara con sus orgasmos y me liberara de su húmedo abrazo.

Finalmente, mi flácida y cansada polla se deslizó de entre sus piernas y ella abrió los ojos y me miró. Su expresión mostraba excitación y continuaba perdida entre las olas del placer, su cuerpo continuaba contoneándose en busca del placer.

Me liberó de su abrazo y me dejé caer a su lado, agotado tras tal sesión de sexo salvaje. Necesitaba un descanso pero ella no parecía dispuesta a ello.

Me besó con ansia y agresividad (más de lo que me gusta) y su mano se deslizó por mi piel hasta encontrar aquello que quería: mi polla.

Continuó violando mi boca con su lengua mientras sus dedos jugaban con mi sexo. Quise apartarla de encima mio pero, en ese momento usó su boca para besar mi piel mientras descendía hacia su destino.

Cerré los ojos y disfruté. Nunca me la habían mamado tan bien, aquella mujer era una experta.

A los pocos segundos noté algo en la cara y, al abrir los ojos vi su dilatado, húmedo y insaciable coño a pocos centímetros de mi boca. Había aprovechado el momento para colocarse en posición de 69 y, todo ello sin dejar de chupar con gran maestría mi polla.
Mi semen goteaba entre sus piernas y no tenía intención alguna de meter allí mi boca. A saber cuantas pollas habían pasado por aquel túnel. Intenté apartarla y entonces descubrí que mis brazos habían quedado prisioneros entre nuestos cuerpos. Su boca trabajaba con ansia mi boca y me sentía en una nube.

-Agradezco que me chupes la polla tan bien, pero no pienso ha...- No pude acabar la frase. Aplastó su sexo contra mi cara y lo frotó agresiva mientras sus labios devoraban mi polla.

Note mi sabor mezclado con el suyo descender por mi garganta mientras me mantenía prisionero entre sus piernas. Intenté apartarla pero no pude sacarla de encima.

Se frotó contra mi cuerpo hasta que, con sus experimentadas mamadas, consiguió despertar mi polla, entonces, rápida como una gata se empaló en mi herramienta y cabalgó con ganas sobre mi.

Agarró mis muñecas y colocó mis manos sobre sus pechos mientras continuaba moviendo sus caderas, con los ojos cerrados me ordenó que acariciara sus pechos. Yo, inmerso en aquel frenesí acaté sus órdenes y acaricié aquellos pechos perfectos.

Jadeaba y gemía mientras cabalgaba sobre mi polla. Mis dedos jugaron con sus duros pezones mientras el placer invadía mi ser.

Aumentaron sus jadeos y con ello el ritmo. Saltaba con furia sobre mi polla, haciendo que la cama se balanceara y golpeara contra la pared. Noté como su cuerpo se tensaba al correrse. Me rodeó con sus brazos y me apretó con fuerza contra su pecho mientras los orgasmos recorrían sus músculos aplastándome bajo su placer.

Mantuvo la posición y reanudó sus embites, ahora más agresivos y potentes. Los golpes resonaban en la habitación al ritmo del sexo: “Boom Boom Boom Boom …” y se mezclaban son sus gritos de placer.

Me sentía asfixiado mientras la mujer me follaba y me dolía todo el cuerpo a causa de su agresividad en la cama. Cabalgó sobre mi y me corrí pero ella continuó con sus movimientos hasta que mi polla se volvió flácida, haciendo que me corriera varias veces.

Me sentía extenuado. Llevábamos horas follando... mejor dicho, ella llevaba horas follándome, no se cuánto tiempo llevábamos pero mucho.

Continuó frotándose contra mi cuerpo mientras paseaba su piel frente a mi cara para que la besara. Intenté quitarla de encima pero lo evito saltando sobre mi cara y aplastando de nuevo su húmedo sexo contra mi boca. Mi semen resbalaba por su piel como pequeños rios.

No iba a permitir más, estaba al borde de la asfixia iba a quitarla de allí pero.. ¡horror! mis brazos estaban inmovilizados bajo sus rodillas y no podía apartarla. Estaba indefenso bajo su apetito sexual.

La ninfómana gritaba y gozaba, sus manos acariciaban mi piel y su piel mientras, agresiva y llevada por el placer se frotaba con energía sobre mi cara, aplastando dolorosamente su coño en mi boca y nariz.

Una de sus manos se deslizó y acabó en mi polla. Acarició con arte mi cansada polla hasta que sin poder yo evitarlo , consiguió que se endureciera una vez más.

Pensaba apartarla de mi tan pronto como quedaran libres mis brazos y esperé el momento en el que se detendría para cambiar de posición, me sentía agotado y tenía que detener aquello. Me dolía mucho la cara y me había partido la nariz... con su coño.

Mi polla estaba hirritada y enrojecida y mis huevos secos y doloridos.

Noté como me liberaba al recolocar su cuerpo para follarme de nuevo y aproveché la situación para apartarla de encima de mi.

Ante mi sorpresa, Angrid luchó por evitarlo, estaba fresca como una rosa y daba la sensación de que toda la energía que a mi me faltaba la tenía ella. Reaccionó rápida y anticipó mis movimientos.

Me cogió las muñecas y se deslizó rápidamente hacia abajo. Intenté apartarla de nuevo pero estaba muy cansado y mis brazos no respondieron (o esa es la excusa que me pongo).

Angrid, estiró mis brazos y los cruzó sobre mi cabeza con facilidad pese a mi resistencia. Su mirada estaba perdida en un mar de excitación y no escuchaba mis palabras, para ella sólo era una polla pegada a un trozo de carne. Parecía estar muy lejos, cada vez más lejos satisfaciendo sus necesidades.

Dejó caer su cuerpo sobre el mio y mi cabeza quedó enterrada entre sus pechos, me obligó a lamer y besar sus durísimos pezones mientras estiraba mis brazos con fuerza.

Pasé un rato chupando su piel mientras ella se frotaba contra mi cuerpo. En todas las horas que llevaba follándome, su cuerpo no se había detenido ni un minuto. Siempre lo apretaba contra el mio para maximizar su sensación de placer.

Noté como soltaba mis brazos y se relajaba sobre mi cuerpo y entonces descubrí con terror que había atado mis muñecas al cabecero de la cama. Ahora estaba inmóvil e impotente entre las piernas de la ninfómana.

Recuperó el ritmo y gozó de nuevos orgasmos mientras botaba sobre mi castigado órgano perdida en un mar de orgasmos.

“Boom Boom Boom Boom Boom …” El ruido se fundía con sus gritos de placer mientras sus uñas se clavaban en mi piel y me aplastaba bajo su excitación.

Sus pechos se balanceaban, golpeándome en la cara mientras los gemidos y las olas de placer recorrían y tensaban sus músculos. Me corrí una y otra vez pero ella no se detenía sino que incrementaba su pasión.

Finalmente mi flácida polla salió deslizándose de su coño y se detuvo jadeando sobre mi con los ojos cerrados.

Yo no podía moverme, estaba a punto de desmayarme y todo me daba vueltas, me dolía TOOOOODO y sentía mi cuerpo aplastado y hundido en aquella cama.

¿Había terminado? Era imposible que mi polla volviera a ponerse dura, al menos en días. Yo ya no tenía nada que ofrecerle, o al menos eso pensaba.

Gateó sobre mi cuerpo con una sonrisa dibujada en su cara de ojos entrecerrados y abrió un cajón de la mesita de noche, cogió algo. Luego se sentó en mi pecho y me miró con ansia.

Yo no podía ni hablar ni moverme, la miré con expresión de súplica mientras mis ojos enfocaban lentamente aquello que había sacado del cajón.

Mi corazón dió un vuelco al ver una pastillita de color azul en la mano de aquella ninfómana. Aquello era viagra y significaba que...

Intenté escapar pero, fue imposible ya que mis brazos estaban atados a la cama y ella sentada sobre mi cuerpo.

Suplique clemencia como un niño y lloré como nunca había llorado mientras la mujer me penetraba con su ardiente mirada.

“Más” dijo en tono cruel e introdujo la viagra lentamente en su coño. Luego lo acercó lentamente a mi boca mientras se reía a carcajadas, me agarró del pelo y tiró con fuerza de mi cabeza, aplastándolo contra su coño bañado de semen. Frotó con ganas mientras se perdía en el placer y los orgasmos explotaban en su interior.

Sus fluidos llenaban mi boca y nariz y me obligaban a tragar para poder respirar. Sentía que la vida se me escapaba, follado hasta la muerte por una ninfómana.

Utilizó mi cara para generarse placer hasta que la viagra hizo su efecto y mi polla emergió de entre los muertos.

Me dolía mucho la polla pero eso a ella no le importaba. Introdujo mi sexo en su ser y cabalgó sobre mi sin descanso durante horas. Cada vez que me corría me dolía más, cada orgasmo era una pesadilla y finalmente me desmayé.

Desperté en el mismo sitio y con la misma mujer. Nada había cambiado (sólo que ya era de día).

Angrid continuaba perdida en sus placeres y yo enterrado entre sus piernas mientras me usaba para sus necesidades.

La viagra dejó de hacer efecto y mi polla pareció deshacerse. Se enfadó al notar como mi polla desaparecía y me liberó de su peso.

Volvió a abrir el cajón y a sacar otra pastilla. Yo no podía creerlo, seguía hiperexcitada y parecía frustrada. Me miró de nuevo con aquellos ojos ardientes e introdujo la viagra en su coño.

Los siguientes minutos los pasó frotando su sexo contra mi cara, sus orgasmos se repetían y con ellos sus generosas corridas. Tenía que tragar para poder respirar.

Sentí mucho dolor cuando su mano empezó a frotar mi polla y mucho más cuando agregó su boca y su lengua.

Trabajó mi polla sin descanso mientras apretaba su coño con fuerza contra mi cara. El dolor era indescribible y por mucho que lo intentaba (con otra viagra incluida), mi polla no se despertó.

Rabiosa abandonó sus intentos por endurecer y usar mi polla y se enfadó conmigo.

Me abofeteó mientras me gritaba “esa pollita tuya no sirve para nada”, su expresión mostraba una mezcla de excitación y rabia extraña.

Supliqué me liberara pero respondió que todavía no había quedado satisfecha y que, como mi polla no funcionaba debería usar algo distinto.

Abrió de nuevo el cajón y cogió una polla de goma, negra y enorme que tenía una especia de bola al principio.

“Ahora abre la boca” ordenó mientras introducía aquel monstruo entre mis dientes. Creí que iba a dislocarme la mandíbula ya que casi no me cabía en la boca.

Una vez colocada me miró satisfecha mientras movía su cuerpo. Ahora tenía una polla grande y dura saliendo de mi boca y pude ver con horror como aquel coño se acercaba decidido a mi cara con la intención de usar aquella polla para su placer.

Pasaron horas mientras aquella mujer saltaba contenta sobre mi cara, empalándose en aquella polla.
Me desmayé de nuevo (ya era de noche).

Desperté en un hospital. Mi cuerpo había sido encontrado desnudo en un callejón con graves heridas.
No me preguntaron qué había ocurrido, dieron por hecho que había sido atacado por alguna banda y me habían dado una paliza. Yo apoyé dicha teoría incapaz de decir la verdad.

FIN

lunes, 26 de julio de 2010

La noche más humillante de mi vida.

Mi nombre es Marcos, tengo 22 años y hoy voy a escribir un relato acerca de la noche más humillante de mi vida. Todo empezó una noche de Sábado en una conocida discoteca de Barcelona. La finalidad de mis visitas a la discoteca no era para bailar ni para conocer gente. Yo iba a la discoteca con el único fin de follar (como todo el mundo). A veces tenía más suerte y a veces menos.

Eran ya las 4 de la mañana y llevaba varios cubatillas de Ron entre pecho y espalda, estaba contento y había perdido la vergüenza, hacía rato que había perdido de vista a mis amigos. Era común en mi emborracharme y preguntarle a todo lo que se movía si quería pasar una noche de sexo salvaje. Mi táctica solía funcionar ya que, si le preguntas a 500 mujeres seguramente alguna cae (estadística pura). Además me daba igual el tipo de mujer, yo no era ningún "Brad Pitt" y no esperaba triunfar con "Angelina Jolie", sólo quería follar.

Aquella era una de esas noches en las que la suerte no me acompañaba. Me acabé el cubata de un trago y enfoqué mi mirada hacia la pista, buscando mi siguiente presa. El alcohol y el cansancio ya pesaban sobre mis párpados, pero todavía no había acabado la noche y disponía del
tiempo suficiente para seguir intentándolo.

Me tomé un descanso y disfruté mirando a las bailarinas, aquello sí que eran cuerpos, aquellas chicas tan perfectas... quién pudiera disfrutar de una noche en la cama con aquellas diosas... el tiempo pasaba mientras, embobado, me imaginaba triunfando con uno de aquellos cuerpos perfectos. Dejé volar mi imaginación y me vi perforando con mi polla a alguna de aquellas chicas. Estaban realmente bien, aquellas tetas, aquel culo... esas largas, torneadas y sensuales piernas de bailarina... oh!

Las estuve mirando hasta que su turno finalizó y bajaron de las tarimas, las perdí de vista al mezclarse con la multitud, pero mi polla continuaba dura, el tiempo pasaba y todo apuntaba a que aquella noche acabaría sólo en casa y, de nuevo, 5 contra 1. Aquello no podía ser, volví a estudiar la pista.

Localicé a un par de chicas solitarias que se movían sensualmente en la pista de baile. Una de ellas tenía un buen par de tetas y la minifalda permitía disfrutar de sus piernas, la otra tenía una cara sensual y un buen culo. Repasé mi noche para asegurarme de que no lo había intentado ya con ellas, a veces lo preguntaba más de una vez a la misma chica (cosas de la noche, el alcohol y las luces de la pista).

Me mezclé con la gente y me dirigí hacia ellas. No las encontré, el alcohol y la gente me desorientaban, miré alrededor y de repente las vi, a unos metros de distancia. Me moví con dificultades por la pista hacia su dirección y cuando llegue ataqué.

-Hola preciosa, ¿prefieres el agua de Bezoya o chuparme la polla?- Aquella era una de mis frases y solía funcionar.

Obtuve una sonora bofetada como respuesta, por lo general no solía acabar tan mal la cosa. -¡Asqueroso!- agregó ella furiosa antes de alejarse. Me froté la dolorida mejilla y busqué a la otra chica, no podía estar lejos. La encontré y me dirigí a ella.

-Hola bombón, ¿quieres pasar una noche de sexo salvaje conmigo y mi pollón?-

La mujer se giró y me miró a la vez que mis ojos se abrían como platos y mi mandíbula se caía al suelo. Me había equivocado de mujer. Aquella chica era una de las bailarinas que había estado mirando hace unos minutos. ¡Diós!, estaba buenísima, me miró con unos ojos verdes que me robaron el alma.

Vestía un pequeño biquini (sujetador + tanga), una minifalda tejana y unos zapatos de tacón. Era alta (bastante más que yo) y su cuerpo se notaba firme y sensual. Me miró de arriba a abajo con aire desafiante y luego habló.

-No creo que puedas aguantar mi ritmo, chuquitín- me dijo penetrándome con su mirada. Me regaló una perfecta sonrisa antes de girarse de nuevo y continuar bebiendo. Diós ¡¡que piernas, que culo!!

Nunca me hubiera atrevido por mi mismo, aquella mujer estaba claramente en otra liga, pero ahora ya había roto el hielo y tenía a mi alcance a la mujer más bella con la que jamás había tenido el valor de hablar. No se si fue el alcohol o el aroma de su colonia pero, reuní el valor suficiente para continuar con mi táctica. Al menos ella no me había girado la cara de una bofetada (eso era buena señal).

-¡Oye putón! No dirás lo mismo cuando hayas probado mi pollón, quizá no lo sepas pero aguanto un montón-

¡Mierda! aquello no era una buena frase, ¿putón?, seguramente ahora si que iba a recibir una buena bofetada. El alcohol estaba haciendo de las suyas. La Gogo se giró rápidamente y me miró con los ojos llenos de rabia.

-No me gusta que me mientan y menos que me llamen Putón. Vamos a ver ese pollón, pequeño cabrón-

Antes de poder reaccionar, la mujer colocó su mano entre mis piernas y empezó a tocarme la polla. Ambos nos quedamos sorprendidos, yo por su reacción y ella por mi pollón. Si algo tenía a mi favor era mi generosa polla (no mentía al llamarla pollón).

-¡Oh! vaya agradable sorpresa- dijo mientras su mano seguía acariciando mis partes. -MMmmmm... quizá podamos llegar a un acuerdo. ¿En tu casa o en la mía?- preguntó mientras continuaba frotándome con la mano.

Me quedé congelado, incapaz de creer lo que estaba oyendo.¡Ya la tenía! Así de fácil.

-¿E...En la mía?-

Una hora más tarde estaba abriendo la puerta de mi casa para entrar junto a Esther (así se llamaba la bailarina). Nunca olvidaré la cara de mis amigos al verme salir de la discoteca junto a aquella chica perfecta.

-Quieres beber algo?- Le abrí el BAR y le ofrecí lo que quisiera, ella se me acercó lentamente y despacio empezó a desabrochar los botones de la camisa. Mis rodillas temblaron al oir su voz susurrar.

-Te quiero a tí y a tu pollón. ¡Vamos a follar!-

Me sacó la camisa y me llevó a su boca, noté su mano firme en mi nuca mientras me penetraba con la lengua. Mis manos se movieron rápidamente, una empezó a acariciar el culo más duro que jamás había tocado y la otra mano se situó en su pecho y jugó con sus redondas y perfectas tetas. Sus pezones crecieron y se endurecieron rápidamente.

Noté como ella llevaba su mano libre entre mis piernas y me desabrochaba los pantalones, yo hice lo mismo y en pocos segundos nos encontramos desnudos. Su lengua continuaba explorando mi boca y su mano acariciando mi polla mientras mis manos se movían frenéticas sobre sus pechos.

Ante mi sorpresa, se agachó e introdujo mi dura polla entre sus labios, chupándola con gran maestría. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo mientras aquella ardiente bailarina me chupaba la polla como nunca nadie antes. Mis ojos se cerraron automáticamente y me dejé llevar por aquella sensación.

Al poco rato exploté de placer, ella notó mis espasmos e introdujo todo mi sable en su boca dejando que mi blanco semen se deslizara por su garganta. Continuó chupando mi polla, tragando cada gota de semen hasta que quedó limpia y flácida entre sus labios.

-Mmmmm que rico- dijo la bailarina mientras limpiaba sus labios con su lengua. Yo me sentía en la gloria, parecía que había soltada litros de leche.

-¿Se pondrá dura?- preguntó ella antes de volver a chupar con ansia mi satisfecha polla. Al rato, mi polla se endureció en su boca gracias a su experta lengua. ¡Oh! que placer sentía mientras me chupaba la polla con gran maestría.

Esther se levantó y recordé lo alta que era aquella mujer, sus pechos se balanceaban delante de mi cara, no pude evitar hundir mi cara entre aquellas generosas tetas. Chupé sus duros pezones mientras ella continuaba acariciando mi polla con sus manos.

-¡Fóllame!- dijo antes de darse la vuelta, apoyar sus manos contra la pared y presentarme su firme culo en pompa. Mi polla latía de excitación. La perforé mientras gritaba de placer. Aquella mujer estaba muy buena. Aquel culo duro, aquellas grandes tetas, aquellas piernas largas y torneadas... ¡Oh! era el mejor polvo de mi vida.

No pasaron ni dos minutos antes de que me corriera de nuevo. Bombée fuerte, haciendo que la bailarina gritara de placer, podía notar como aumentaba su excitación a medida que pasaba el tiempo.

Retiré mi cansada polla de entre sus piernas mientras ella se quejaba de la corta duración del polvo.

-Tranquila que no he acabado- le dije fanfarrón. - Échate en la cama nena y te follaré hasta que no puedas más.- agregué con chulería.

Ella escuchó mis palabras y acató mis órdenes, se tiró en la cama y se abrió de piernas, se la notaba excitada y se tocaba mientras me acarcaba a su cuerpo. Mi polla colgaba flácida y cansada entre mis piernas.

-Así nena, tócate mientras me pongo a punto.- le dije orgulloso mientras la observaba desnuda en mi cama.

-Acércate- me dijo con un tono sensual mientras sus manos recorrían su piel. Introdujo de nuevo mi flácida polla en su boca, y en segundos, su experta lengua había endurecido mi sexo. Me coloqué entre sus piernas y la perforé de nuevo, ella agarró mi cabeza y la colocó sobre sus pechos, obligándome a chupar sus endurecidos pezones mientras mi polla se hundía en su rico coño. Me rodeó con sus largas y tonificadas piernas mientras sus gritos de placer llenaban la habitación.

-No pares, no pares... así así.... ohh!!- Sus gritos de placer me estaban volviendo loco, nunca antes había disfrutado de un cuerpo de aquel nivel. Era demasiado excitante. Notaba nuestros cuerpos fundirse mientras gritábamos de placer. De nuevo me noté apunto, iba a correrme de nuevo.

-Voy nena voy- grité y noté como me apretaba contra su cuerpo. -Más más más, ahora no.. sigue- gritó ella segundos antes de correrme de nuevo y derrumbarme sobre su cuerpo.

-¡Oh que bien!- dije con los ojos cerrados mientras ella me decía que no parara.

-Quiero máaaas...- agregó ella con la mirada encendida. Rápidamente se dió la vuelta, quedando ella encima y yo debajo. Mi polla continuaba dentro de ella, ella intentó continuar follando pero mi flácida polla no estaba por la labor.

-Me has prometido una noche llena de sexo pollón- me gritó enfadadada la bailarina. Intenté lavantarme pero...

Noté como sus manos se cerraban con fuerza en mis muñecas y sus muslos se apretaban alrededor de mi cuerpo. Lentamente su torso fue descendiendo sobre mi cara hasta que uno de sus erguidos pezones se introdujo en mi boca. -Chupa- ordenó ella con la mirada ardiente.

Yo lamí, besé y chupé aquel pezón con deseo. Estaba agotado pero la sensualidad que desprendía aquel cuerpo era superior al cansancio. Excuché sus gemidos mientras mi lengua jugaba con su pezón. Ella movió su torso, alternando sus pechos y obligándome a lamer ambos pezones. Sus gemidos de placer llenaban la habitación mientras notaba su cuerpo duro y sensual frotarse contra el mio.

Me sentía agobiado y aplastado bajo aquella mujer. Intenté apartar mi cabeza de debajo de sus pechos y respirar aire pero ella no lo permitió. Aumentó su presión sobre mi cuerpo. Estiró de mis brazos, rodeó con fuerza mis piernas con las suyas y consiguió inmovilizar mi cabeza entre sus hermosos pechos. Me costaba respirar y el contacto con su cuerpo empezaba a ser doloroso.

Me estaba ahogando entre sus tetas (de verdad). No podía respirar ni girar la cabeza, ella gemía de placer y se frotaba con fuerza contra mi cuerpo. Entré en pánico y luché desesperadamente para liberarme de aquel agobio que me estaba ahogando. Ante mi sorpresa y decepción, no pude moverme ni apartarla. Usé toda mi fuerza para liberarme pero no pude hacer nada contra aquella mujer ardiente y decidida que continuaba frotándose y usándome para su placer.

Al menos mis movimientos sirvieron para que Esther despertara de entre sus orgasmos y liberara su presión. Miró entre sus pechos y me descubrió ahogado e impotente entre sus tetas. Sentí un gran alivio cuando el oxígeno volvió a llenar mis pulmones.

Sentí verdadero pánico cuando, ya recuperado, intenté apartar a aquella mujer (que continuaba frotándose contra mi cuerpo) sin éxito. Una sonrisa malévola se perfiló en sus labios al ver el pánico en mis ojos. Sus manos se cerraron con más fuerza en mis muñecas y pude notar como mis huesos crujían mientras ella aplastaba mi cuerpo entre sus poderosos muslos. No podía hacer nada contra aquella mujer, ella me tenía bajo su dominio, hasta ahora no me había dado cuenta pero... Ella mandaba.

-¿Qué pasa chiquitín? ¿te sientes indefenso?- preguntó mientras continuaba aplastandome bajo su cuerpo. -¿Creías de verdad que me iría con alguien como tú por el tamaño de tu pollón?-

Estaba confundido y no lograba liberarme. -Te he elegido por lo débil y patético que eres.- agregó ante mi sorpresa. -ningún hombre es capaz de satisfacer mis necesidades sexuales.- me explicó -Necesito sexo durante muchas horas y es imposible que me lo des. Nigún hombre ha sido nunca capaz de satisfacer mis deseos.-

El miedo no me dejaba hablar. Ahora miraba a aquella mujer con otros ojos. Mi cuerpo delgado, bajito y débil no podía compararse con el de aquella bailarina, alta, atlética y sensual. Me sentí como el ratón cazado por la gata: Impotente y asustado. Ella continuó hablando mientras sus músculos se endurecían a mi alrededor y mi cuerpo era engullido bajo el suyo.

-Voy a usarte para mi placer sin importarme tus necesidades. Al igual que has echo tú conmigo antes- agregó con una mirada sensual mientras mi cabeza volvía a hundirse entre sus perfectas tetas. Curiosamente mi polla empezó a crecer y endurecerse entre sus piernas. Ella disfrutó hundiendo mi pollón entre sus piernas mientras me montaba agresiva. Cabalgó sobre mi polla, manteniendo en todo momento mi cuerpo inmobil bajo su poder.

No pude evitar correrme de nuevo con fuerza. Ella continuó montándome hasta que mi polla se convirtió en un trozo de piel flácido. Continuaba encendida y sus gritos me daban a entender que seguía disfrutando de generosos orgasmos.

-Ahora seguirás dándome placer con tu boca- agregó con la mirada ardiente cuando notó mi polla abandonar su agujero del placer. - Voy a follarme tu cara y cuando haya acabado no te sentirás la lengua- agregó con una voz sensual y decidida.

Reubicó su cuerpo y se sentó sobre mi pecho, manteniéndome en todo momento agarrado por las muñecas. Intenté aprovechar ese momento para escapar de su dominio pero me fue inútil. Aquella mujer (aunque era muy humillante aceptarlo) era mucho más fuerte que yo y yo no tenía ninguna oportunidad de escapar.

Usó sus rodillas para inmovilizar mis brazos, lloré y supliqué cuando presentó su ardiente y empapado coño frente a mi cara. Pude notar su excitación crecer junto con mi miedo. Ella disfrutó mucho de aquel momento de dominio y poder. Sus ojos encendidos me miraban fijamente mientras, lentamente, su coño, empapado de mi propio semen, se avalanzaba sobre mi cara. Luché girando y apartando mi cara pero sus manos agarraron con fuerza mi cabeza y la mantuvieron inmóbil mientras frotaba sus labios contra mi cara.

Sus gemidos se convirtieron en gritos de puro placer cuando, finalmente, se sentó sobre mi cara y aplastó mi faz, me obligó a lamer y chupar su insaciable sexo. Pasé así un largo rato. Llorando y sufriendo entre las perfectas piernas de Esther mientras ella hundía mi cara en su ser. Me vi obligado a lamer su sexo y limpiarlo de mis propios jugos para poder respirar. Las lágrimas de humillación recorrían mis mejillas mientras ella me mantenía aplastado entre sus piernas y sus orgasmos.

No se cuanto tiempo pasó, quizá horas, mientras ella se corría una y otra vez en mi cara y me obligaba a tragar sus fluidos. Finalmente me liberó y se levantó. Respiré aliviado pensando que mi tortura había acabado. Intenté incorporarme pero ella lo impidió.

-¿Adonde te crees que vas pequeñín? Todavía no he acabado contigo- dijo mientras impedía que me levantase. -Ahora me vas a besar y lamer el agujero del culo- agregó con una perversa sonrisa. Yo no pude evitar llorar como un niño pequeño, impotente bajo su deseo.

Bajó mis brazos y los situó en mis costados. Yo intenté uir pero me fue imposible, sólo podía llorar como un niño asustado. Pude oir sus carcajadas mientras lentamente descendía su trasero sobre mi ya castigada cara. Volvió a usar sus poderosas y sensuales piernas para inmovilizarme bajo su ser, mientras con sus manos separaba los mofletes y colocaba su ano directamente sobre mi boca.

Me agarró la polla y apretó mis pelotas mientras me ordenaba sacar mi lengua e introducirla en su negro agujero. Lloré de nuevo, indefenso, mientras la bailarina restregaba su ano en mi cara y me obligaba a lamer, besar y chupar su agujero del culo. Al rato noté como sus labios rodeaban mi polla y dominaban mi sexo.

Su culo rebotaba con furia sobre mi cara, ese culo tan redondo y perfecto que deseaba tocar, besar y acariciar. Ahora se había convertido en una piedra dura y potente que me estaba destrozando la cara. Mi sangre se mezclaba con sus jugos de placer mientras ella continuaba aplastando mi cara con su culo perfecto.

Sus experimentados labios habían devuelto la vida a mi cansada polla y ahora se mantenía erguida mientras ella, sentada sobre mi cara, disfrutaba de su posición dominante.

Cuando mi polla estaba lista, cabalgaba sobre mi destrozado cuerpo hasta que me vaciaba los huevos. Cuando mi polla se hacía flácida, ella continuaba, usando mi cara para su placer. Era humillante tener que tragar sus fluidos y mi propio semen para poder seguir respirando entre las piernas de la bailarina.

Yo estaba detrozado y ella continuó usando mi cuerpo durante toda la noche para su propio placer. No paró hasta que se hizo de día, entonces se levantó y me liberó de su tortura. Me sentía exhausto y dolorido, mi piel estaba marcada con numerosas heridas causadas por su agresividad y energía sexual.

-He disfrutado con éste polvo- susurró antes de tirarse en el sofá. -Dame un cigarro- me ordenó.

Me costó levantarme. Me dolían todos los músculos y mi cuerpo estaba enterrado en la cama. Le acerqué el paquete de tabaco y un mechero, mi cuerpo temblaba a causa de "la paliza" que acababa de recibir de aquella diosa del sexo.

Me miró fijamente con el cigarro entre sus labios, esperando. Rápidamente entendí el mensaje y le ofrecí el fuego. Ella encendió el cigarro y soltó una larga bocanada de humo mientras sus ojos me miraban fíjamente.

-Ha estado bien eh!- fanfarronee al recuperar el aliento mientras mis rodillas temblaban y mi cabeza ardía de dolor. Cogí un cigarro y me lo metí en la boca.

-Todavía no he acabado contigo- respondió mientras me quitaba el cigarro de los labios.

-Tú tienes cosas que hacer- agregó mientras se abría de piernas y me mostraba lo dilatado, húmedo y caliente que continuaba estando su órgano sexual.

El miedo se spoderó de mi cuerpo. Aquello no podía ser real, estaba destrozado por la experiencia anterior y no quería tener más sexo.

-No, ya hemos acabado. No tengo ganas de más y mi polla no se levantará- respondí con tono seguro.

Ella me miró con los ojos entrecerrados y soltó otra bocanada de humo directamente a mi cara. -Yo eligo cuando se acaba y ahora quiero más.- agregó mientras me agarraba del pelo y empujaba mi cabeza entre sus piernas. Luché con todas mis fuerzas (las que quedaban) para liberarme de su dominio y evitar la humillación que aquella mujer estaba generando.

Fue inútil, sus piernas de bailarina se cerraron alrededor de mi cabeza, imposibilitando mi huida y aplastando mi cara contra su sexo. Besé lamí y chupé su coño mientras lloraba por la humillación y el dolor que sentía bajo el poder de aquella mujer.

Ella continuó fumando mientras el placer inundaba su ser y la oscuridad se abalanzaba sobre mi. Perdí el conocimiento mientras ella frotaba su sexo ardiente contra mi cara.

Desperté en la cama, mareado y dolorido, y el terror se apoderó de mi cuerpo al verla todavía allí. Ahora, entre sus piernas colgaba un enorme dildo de color negro y sus ojos penetrantes me miraban fijamente.

-Quiero seguir disfrutando de tu cuerpo- susurró al verme despierto y mostró descarada aquel enorme dildo. El terror se apoderó de mi cuerpo, aquello no era permisible. Yo era un hombre y no me iba a dar por culo. Lucharía por mantener mi hombría (aunque aquella mujer ya me había humillado) había límites que no iba a dejar pasar.

-¡Yo he acabado contigo!- grité rabioso, - vete de mi casa o me obligarás a usar la fuerza.-

Las carcajadas de la bailarina retumbaron en la habitación y la sensación de temor aumentó al verla acercarse agresiva hacia mí.

-¿Tú y cuantos más como tú van a detenerme?- preguntó sarcástica mientras tocaba su falsa polla. -Lo primero que harás será arrodillarte y chuparme la polla- ordenó Esther.

No pensaba acatar aquellas órdenes. Aquella mujer me había dominado y abusado de mi. Me sentía humillado y dolorido pero iba a luchar antes de dejar que coninuara humillándome y usándome para su propio placer. Iba a darle su merecido por lo que había echo.

Me levanté y decidido me acerqué a ella, con la intención de mostrarme seguro de mi mismo. Tragué saliba al percibir su altura y físico de nuevo. Casi había olvidado su tamaño.

Decidido la agarré de la muñeca con la intención de empujarla fuera de mi casa, pero no conseguí moverla. Ser rió de mi al verme incapaz de moverla. Yo me sentí ridículo e indefenso al comprobar que no podía hacer nada contra aquella amazona.

-Tienes 3 segundos para arrodillarte ante mi y chuparme la polla- indicó seria la bailarina.

-No pienso hacer caso de tus órdenes- grité enfadado. -Vete antes de... OOOUFFF!-

Esther había lanzado un rodillazo entre mis piernas y había alcanzado de lleno mis huevos. Caí inmediatamente de rodillas frente a ella mientas me protegía mi entrepierna. Rápidamente me agarró la cabeza del pelo e introdujo la polla de plástico en mi boca. En 3 segundos me tenía de rodillas frente a ella con su polla en mi boca. Humillante y doloroso.

-Qué patético eres pollón jajaja así así sigue chupando y lubricando que luego la meteré en tu culo y te follaré como a un perro jajajja.-

Mis lágrimas recorrían mis mejillas mientras aquella mujer hundía aquella polla en mi boca y se abría camino por mi garganta. Luché por liberarme de aquella humillación, pero mis esfuerzos eran rápidamente bloqueados por la GoGo. Finalmente me sometí a su superioridad y relajé mi cuerpo mientras ella disfrutaba hundiendo su polla en mi garganta.

Noté un flash y sorprendido la vi hacerme fotos mientras, arrodillado entre sus piernas, satisfacía sus necesidades sexuales.

-Súbete a la cama a cuatro patas- me ordenó -voy a disfrutar dándote por culo- agregó entre risas.

-No por favor, no lo hagas. Déjame, haré lo que quieras pero esto no. No me des por culo por favor...- lloraba como un niño mientras le pedía clemencia, y horrorizado, noté como mis lágrimas y súplicas alimentaban su excitación y deseo sobre mi.

Intenté uir, decidido corrí hacia la puerta con al intención de escapar de aquella tortura pero la puerta no se abrió. Esther había cerrado la puerta de mi casa con llave, encerrándome con ella. La bailarina reía a carcajadas mientras se acercaba a mí, yo lloraba indefenso y desnudo en el suelo, deseando que aquella noche no hubiera existido.

-Gatea a la cama y espérame de cuatro patas- ordenó de nuevo la bailarina pero yo no tenía intención de dejarme dar por culo. No acaté sus órdenes y me quedé en el suelo llorando y pidiendo clemencia. El corazón de aquella mujer debería ablandarse al verme llorar como un niño a sus pies, pero no fue así.

Lanzó una fuerte patada que se estrelló contra mi costado y me causó gran dolor. Me revolví en el suelo con la mano en el costado y ella continuó pateando mi cuerpo con sus largas, torneadas y musculadas piernas de bailarina. Me pateó con furia y yo notaba el crujir de mis costillas bajo la presión de sus golpes, me estaba golpeando brutalmente y sus musculadas piernas de bailarina tenían la potencia suficiente para destrozarme.

Entendí el mensaje y, entre golpes, me dirigí a la cama y me postré a cuatro patas. Ella se colocó detrás de mi y hundió su falo con fuerza en mi culo virgen. Noté como la piel se desgarraba bajo su violencia y las lágrimas saltaron de mis ojos mientras el dolor se apoderaba de mi cuerpo.

Intenté detenerla y uir de aquella tortura, pero me agarró los brazos y los retorció detrás de mi espalda, impidiendo que los usara para defenderme de sus embites. El dolor fue inaguantable y en pocos segundos perdí el conocimiento.

Desperté en un hospital, me encontraba en una habitación, acompañado por los pitidos de alguna máquina que supervisaba mi estado. Todo mi cuerpo dolía, sobretodo mi culo. El resultado de aquella noche de sexo salvaje (por parte de ella) era de 3 costillas rotas (una de ellas se había clavado en el pulmón abriendo una fisura), la nariz rota y la mandíbula fuera de sitio. Una fractura en el cráneo y otra en el hombro derecho. Me había partido varios tendones del brazo izquierdo y desgarrado el intestino y el ano (Me habían tenido que poner puntos en el ojete).

Nunca en mi vida me habían dado tal paliza, y menos por parte de una mujer... y todavía menos "disfrutando" de una relación sexual. Recibí un mensaje en el teléfono, era un MMS, en él había una foto mia de rodillas a los pies de aquella mujer y, un primer plano de mi cara chupando su polla de plástico. También había un texto que rezaba lo siguiente:

"Cuando salgas lo repetimos, ¡pollón!".

FIN