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miércoles, 6 de marzo de 2013

La mujer sin nombre vs el negro

Pagaban muy bien, pero no era ese el motivo por el que lo hacía. Lo haría gratis, ya que, disfrutaba enormemente con aquel "trabajo" y, gracias a él, había descubierto su auténtico yo. Una mujer fuerte y decidida, dominante y agresiva, superior en tamaño y fuerza a la mayoría de hombres. Había descubierto su poder y no tenía miedo a usarlo, todo lo contrario, disfrutaba mucho.

Se había convertido en "la Diosa" para un exclusivo grupo de personas. Gente con la necesidad de pagar, grandes sumas de dinero, para poder disfrutar del espectáculo que ella ofrecía.

Excitada, apareció en la sala y se subió al Ring en el que su adversario la esperaba. Varias cámaras grababan aquella sala oscura y, al otro lado de los cables, ellos ya se tocaban excitados ante la expectativa.

No sabía lo que había en aquel Ring, los primeros días sufrió, pero se había acostumbrado a disfrutar de aquella sensación. Ella dominaba, controlaba y decidía pero, ese era el único momento en el que no tenía el control, al subir al Ring, sin saber qué le tenían preparada.

Una sonrisa se dibujó en su cara al ver a su "adversario", sólo con ver su físico y su mirada temerosa supo que no era rival. Aquel hombre no estaba allí para plantarle cara, aquel hombre estaba allí para que ella disfrutara de él. En el ring lo esperaba un jóven de unos 20 años, de raza negra (marcaba un buen paquete), su cuerpo, bonito y bien definido estaba allí para ella.

Se acercó lentamente y disfrutó al ver el miedo en aquellos ojos, a cada paso que daba, el hombre se hacía más pequeño y sus pezones más duros y grandes. Se detuvo a pocos centímetros del negro, él, no pudo evitar mirar fijamente aquellos erguidos pechos que se balanceaban frente a sus ojos y ella, sintió como un ligero escalofrío recorría su cuerpo.

Aquel hombre iba a morir, ella lo sabía y, también los ricos que, desde su casa, observaban excitados sus monitores. El único que no sabía lo que allí iba a ocurrir era aquel negro, joven, guapo y bien dotado. Otro escalofrío recorrió su piel y su coño se humedeció como nunca.

El chico no se podía creer lo que tenía frente a él, tuvo que inclinar mucho la cabeza para encontrarse con los ojos de aquella mujer, que lo miraba de manera ardiente. Nunca antes había visto a una mujer tan grande y fuerte. Era casi 2 cabezas más alta que él y, todo en ella, era más musculado, duro y potente.

La diferencia física de aquellos dos cuerpos era exagerada pero, no todo era físico. Aquella mujer sabía usar su cuerpo para generar grandes dosis de dolor y humillación. Sus músculos podían levantar cientos de kilos y generar una presión capaz de aplastar un cuerpo adulto, como el que tenía delante.

Aquel hombre no sabía dónde se había metido. Engañado frente a la idea de ganar mucho dinero fácil, con sólo “pelear” contra una “mujer”. Todos caían en la misma “trampa”. Un anuncio ofrecía 1.000.000 $ a quien venciera en una lucha sin reglas contra una mujer, luego, elegían al adversario y lo preparaban todo. Ninguno de los hombres que, hasta ahora ,habían elegido tenía la fuerza y el poder necesarios para vencer a aquella mujer. Todos eran hombres con un buen físico, unos cuerpos sensuales y musculados para que ella disfrutara de ellos.

No había ni empezado a mostrar su poder y ya tenía a aquel hombre temblando acojonado a sus pies, demasiado fácil, demasiado débil, demasiado patético. Disfrutó al sentir el olor del miedo impregnar la sala.

Aquel hombre estaba congelado y miraba embobado a aquella diosa. Ella, excitada, empezó a acariciar su cuerpo, dedicando especial atención a sus pechos, los apretó y masajeó entre gemidos de placer mientras él la miraba con los ojos como platos. Los dedos de la mujer, atravesaron la fibra de la ropa y desgarraron su top, liberando su torso y mostrando sus pechos desnudos frente a los ojos del muchacho.

El negro miró fijamente aquellos pezones que lo señalaban, duros, grandes y amenazadores, ella continuó arrancando la ropa de su cuerpo, desgarrando poco a poco el tejido mientras iba desnudando su cuerpo y mostrando su titánico físico frente a aquel hombrecito.

Una vez eliminado el último trozo de tejido, flexionó sus músculos y posó frente al hombre, mostrando su poder e intimidándolo con el tamaño de su cuerpo. El negro la miraba con la boca abierta, incapaz de creer lo que tenía frente a sus ojos. La mujer tenía ambos brazos flexionados en pose de doble bíceps y a pocos centímetros de su cara se balanceaban sus pechos desnudos, coronados por unos pezones bien erguidos y duros. Miró aquel cuerpo perfecto y potenciado por capas y capas de fuertes músculos. Miró sus brazos y se alarmó con la forma y tamaño de sus bíceps que se mostraban enormes, duros y rodeados por venas gordas y bien marcadas.

Satisfecha ante la expresión de aquel muchacho, lo agarró de la nuca y lo llevó a sus tetas. Le metió un pezón en la boca y le ordenó que chupara y lamiera. Él, asustado, intentó apartarse pero la mujer, al notar como intentaba alejarse, aumentó la presión. El hombre, su ego, o los dos se rebelaron, él estaba allí para ganar 1.000.000$ no para ser la puta de nadie.

Aquella mujer era grande si, era fuerte si y también estaba repleta de músculos por todo su cuerpo pero, sólo era una mujer y él era un hombre. Un hombre adulto con pelos en los huevos que no se iba a dejar intimidar por una zorra por muy grande que fuera. No podía dejarse humillar así por una mujer, eran 1.000.000$!

Sacó su furia y luchó para liberarse de las garras de aquella loca. La empujó y apartó. Iba a luchar, primero por su orgullo y luego por los 1.000.000$ de premio. De repente, una bofetada le cruzó la cara, y otra y otra y luego otra. Cayó al suelo, sangrando con el labio partido y antes de poder hacer nada la mujer le había metido de nuevo el pezón en la boca y lo mantenía inmóvil contra su cuerpo. Él chupó y lamió, las bofetadas de aquella mujer le dolían, todavía estaba mareado.

-Así putita, chupa y lame mi pezón-

La mujer, con la mano libre empezó a desnudar al hombre, arrancando su ropa mientras lo mantenía prieto contra su pecho. Él intentó evitarlo pero no pudo hacer nada, en pocos segundos lo desnudó y empezó a acariciar sus genitales.

-Mmmmm, me gustan las pollas de negro- agregó mientras disfrutaba del hombre.

Él lloraba indefenso y desnudo mientras aquella mujer lo humillaba, lo apretaba contra su teta y jugaba con su polla, frotando y apretando su sexo. Intentaba apartarse sin éxito, sus manos recorrían la piel de la mujer, intentando encontrar una manera de apartarse de ella pero, lo único que encontraba era un físico increíble. Bajo la piel de aquella mujer, todo era duro. Mucho más duro y grande que en él.

Al rato, la mujer lo libera y posa frente a él, mostrando su cuerpo y flexionando sus músculos.

-Ven y besa aquí- le ordenó la mujer señalando sus abdominales.

-Jódete, no pienso hacerte caso. Déjame ir o llamo a la policía- agregó él con un tono y una voz serena y calmada con la que él mismo se sorprendió.

Las carcajadas de la mujer retumbaron en aquella sala y congelaron el corazón del negro.

La mujer lo miró fijamente, humedeció sus labios y se acercó más a él, a cada paso que daba más pequeño e indefenso parecía él.

-Si estás aquí es porque no tienes familia, no tienes trabajo y a nadie que te busque. Estás aquí porqué estás sano y tienes un cuerpo que me gusta. Estás aquí porqué unos hombres poderosos te han elegido como regalo a mi persona. Estás aqui para entregarme tu vida. Hoy voy  a usarte como de un objeto sexual se tratara. Hoy no eres más que una polla con la que jugar y un cuerpo al que destrozar. Disfruto dominando y destrozando a los hombres que me traen. Cuando haya acabado contigo no serás más que un saco de huesos deforme. No saldrás vivo de aquí. Voy a matarte lentamente y disfrutaré con ello. Suplicarás que te mate rápida y indolorosamente pero, lo haré dolorosa y léntamente-

-Estás loca- gritó él e intentó bajar de aquel Ring pero, la mujer lo evitó interponiéndose en su camino. Él intentó correr pero ella era más rápida y lo inmovilizó en segundos con su físico superior. Lo agarró de las muñecas y tiró de sus brazos con fuerza. Él no pudo ni podía hacer nada, la mujer aumentó la fuerza y el hombre intentó luchar pero, sus brazos no podían competir. Vió como los músculos de la mujer crecían y se endurecían mientras ella tiraba de sus brazos. Tiró de sus brazos y él acabó con la cabeza entre sus pechos, aplastado contra su cuerpo mientras ella continuaba aumentando la presión.

La mujer se excitó muchísimo al ver al hombre indefenso, llorando y enterrado entre sus pechos, demasiado débil para liberarse. Tenía unos brazos débiles, pequeños y blanditos que podía arrancar con facilidad de sus hombros si se lo proponía. Sus pezones se endurecían mientras estiraba con fuerza y lo hacía gritar y llorar. Respiró profundamente, llenando sus pulmones y aplastando la cara del negro entre sus pechos. Podía notar sus gritos ahogados entre sus pechos mientras seguía retorciendo con fuerza aquellos brazos.

Lo miró entre sus pechos y sonrió, se le acababa de ocurrir una buena manera de disfrutar más de él. Estiró con fuerza de sus brazos y lo colocó bien entre sus pechos para, momentos después, rotar su tórax de izquierda a derecha, haciendo que sus pechos golpearan la cara del negro.

“PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF...”, sus tetas empezaron a golpear con fuerza la cara del muchacho, que empezó a sangrar y gritar, sin poder evitar tal humillación. Las carcajadas que a ella le generaba la situación resonaban por la sala mezcladas con los gritos de dolor y el sonido de sus pechos al golpear la cara del muchacho.

Siguió durante interminables minutos, castigando la cara de aquel hombre con sus pechos “PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF”. La sangre del hombre resbalaba por su piel mientras ella seguía con la destrucción. Aumentó el ritmo y la fuerza en los últimos segundos y pudo ver como algún diente salía disparado tras recibir la última serie.

Soltó al muchacho que, cayó al suelo mareado y tremendamente dolorido. Él la miró y empezó a llorar y suplicar. Ella miró orgullosa la sangre que resbalaba por su piel, entre sus pechos y su coño se dilató.

-Por favor, no. Déjame ir, no diré nada y haré lo que quieras- dijo entre sollozos.

-Claro que harás lo que quiera. Quiero que empieces ahora, besando mis músculos, los mismos que utlizaré para torturarte, los mismos que desgarrarán tu carne y romperán tus huesos, ¡mira!- dijó mientras flexionaba su brazo frente a la cara del muchacho- tócalo, siéntelo y adóralo. Quiero que lo beses con respeto y que notes su potencia y poder antes de usarlo para aplastarte-

El hombre, temblando entre sollozos acató las órdenes de su dominadora y besó y lamió aquel bícep, luego el otro. Siguió lamiendo, besando y acariciando todo aquello que la mujer le indicaba. Lamió sus axilas, su cuello, sus pies, sus pechos, pezones y cada centímetro de piel que aquella mujer presentó frente su boca.

Las sensaciones se acumulan en la mujer, disfruta dominando al hombre sintiendo el poder que su cuerpo le proporciona. Lo obliga a arrodillarse entre sus piernas y comerle el coño y él, cumple con su cometido. La mujer lo agarra del pelo y se frota con furia contra su cara, usando su boca y nariz para llegar al orgasmo. Utiliza las dos manos para apretarlo con fuerza entre sus piernas, nota como grita y llora de dolor mientras llega un orgasmo, un orgasmo potente, un orgasmo que tensa sus músculos y llena la boca de su esclavo de sus fluidos.

-Oh si putita, así me gusta- le dice antes de liberarlo de su sexo y ver su cara empapada y sangrante. Le ha roto la nariz usando su sexo femenino y eso la excita todavía más.

-Por favor, déjame ir- le suplica él entre lágrimas

-Oh nene, me pones tan cachonda, de aquí sólo saldrás  con los pies por delante, ya te lo he dicho. Si quieres salir vivo, lucha como si fueras un hombre de verdad, agárrame, domíname, fóllame y podrás irte con vida, sino, lo más seguro es que mueras incapaz de soportar mi potencia y necesidades-

La amazona, tras dejar claro de nuevo el futuro de aquel hombre, lo agarra del cuello con una mano y lo levanta, luego introduce uno de sus dedos profundamente en su ano y lo mueve. Él, vírgen, se sorprende y siente como la mujer lo viola por el culo, apretando con su dedo y generando un placer que no esperaba. La polla del hombre crece y se endurece en segundos. Ella lo levanta sobre su cabeza, mostrando su fuerza y sus músculos ante las cámaras. Sonríe antes de desplazar el cuerpo del muchacho y meter su negra y sabrosa polla en la boca.

Durante interminables momentos se aprovecha de aquel hombre y le chupa la polla con maestría mientras lo sigue penetrando con su dedo por detrás. Él. indefenso, empieza a temblar de placer y dolor mezclados, aquella mujer genera unas sensaciones que no puede detener y se corre en segundos, incapaz de controlarse mientras la mujer continúa chupando con fuerza e introduciendo ya no uno, sino 2 dedos profundamente en su ano.

Él tiembla e intenta sin éxito liberarse de aquella agonía que lo mantiene en un estado de excitación inaguantable. Ella disfruta de aquella polla, de aquel poder y dominación. Se corre de nuevo mientras la mujer absorbe hasta la última gota de su ser. Él grita y llora al notar como 3 dedos lo masajean por dentro, provocando que su polla vuelva a soltar otro chorro de leche caliente.

La mujer disfruta dominando sexualmente al hombre. Ya son 4 los dedos que juegan en su interior, tocando zonas que nunca antes habían sido tocadas, generando unos calambres y unas sensaciones que desconocía pudiera tener. Su cuerpo tiembla y su cabeza quiere explotar, su polla endurece bajo los estímulos de la mujer sin que él pueda evitarlo.

Llora como nunca antes, al correrse de nuevo y notar como el dolor aumenta, dolor en su cabeza, en sus pelotas, en su cuerpo y en su culo y en su alma. La mujer apretó con fuerza su mano, con la intención de meter todo el puño. Él, incapaz de soportarlo tensó con todas sus fuerzas para evitar que aquella mujer lo humillara todavía más pero no pudo evitarlo. Chupó con fuerza y el negro creyó que le arrancaría la polla mientras hundía el puño y lo exprimía sin cesar.

Se corrió de nuevo una y otra vez mientras el cuerpo se le inundaba de terribles dolores. Ella disfrutaba dominando sexuamente a aquel hombre con tanta facilidad y continuó hundiendo su puño y chupando su polla mientras él temblaba entre sus brazos, tremendos calambres recorrían su cuerpo y bloqueaban sus nervios, espasmos incontrolados atacaban su cuerpo sin que él pudiera controlarlo.

Aumentó el ritmo y la fuerza, hundiendo su puño en el hombre mientras aspiraba con toda su fuerza y se volvió a correr en su boca. Satisfecha lo soltó y el negro cayó al suelo sobre su propio charco de sangre con el culo reventado, los huevos secos, la polla muy castigada e irritada e increibles espasmos y calambres incontrolados recorriendo su cuerpo.

La mujer lo miró orgullosa. Él era incapaz de dejar de temblar, sus rodillas parecían de mantequilla y su cabeza quería explotar. Nunca antes en su vida había “disfrutado” de una experiencia sexual tan intensa. Ella colocó sus pies a cada lado de su cabeza apoyó sus manos en las caderas y miró a su puta con una sonrisa de satisfacción.

Él seguía con convulsiones en el suelo, incapaz de controlar su propio cuerpo después de tal abuso sexual, gemía de manera incontrolada. Miró y la vio con las piernas abiertas sobre su cuerpo, mirándolo con los puños apoyados en la cintura, mostrando una imagen de poder y superioridad. Él seguía luchando por intentar controlar su propio cuerpo y disminuir su sufrimiento.

La mujer esperó a que el hombre recuperara sus sensaciones y fuera otra vez consciente de la realidad, le ordenó abrir la boca y prepararse para tragar. Él intentó negociarlo pero, antes de poder decir nada, la amazona ya estaba soltando la lluvia amarilla sobre la cara de su víctima. Ella rió y disfrutó mientras humillaba al hombre de aquella manera.

Allí estaba el negro, tirado en el suelo sobre su propio charco de sangre, lesionado, violado y bañado en orina mientras ella disfrutaba de tal sadismo y aquello sólo había empezado.

Le mete un pie en la boca y lo obliga a chuparlo mientras posa, mostrando sus músculos para las cámaras. Él chupa aquel pie con deseo, intentando contentar a aquella mujer, a la que le tiene un miedo horrible.

-Así gusano, ¡muy bien! mete la lengua entre los dedos, así ohh muy bien hombrecito, lo haces muy bien  mmmm. No dejes de mirarme, mírame a los ojos mientras me chupas el pie, quiero que veas mi cuerpo mientras te humillo, que sientas mi poder y tu indefensión. ¡Oh! si putita, sigue chupando y no dejes de mirarme-

La mujer disfutó y no pudo evitar tocarse mientras le metía el pie en la boca a aquel negro y lo obligaba a chuparlo. Lo miró, tirado en el suelo, patético, lloraba mientras le lamía el pie. Sus dedos empezaron a jugar con su clítoris aumentando el placer que aquel momento le provocaba.

-¡Oh que lengua!-

Se sentó sobre su pecho con las piernas bien abiertas, presentando frente a la cara del negro su húmedo y caliente coño. El peso de aquella mujer sobre su castigado cuerpo era demasiado y casi no podía respirar.

-Ahora cómeme el coño- le ordenó -Si consigues que me corra en tu boca más de 8 veces durante la siguiente hora, te dejaré con vida. De lo contrario, morirás lenta y dolorosamente, te destruiré poco a poco con mis propias manos de la manera más horrible que te puedas imaginar.-

El hombre, rápidamente hundió su cabeza entre las piernas de la mujer y movió frenéticamente su lengua, comiendo aquel coño con ansia mientras ella cerraba los ojos, inclinaba su cuerpo hacia atrás y se dejaba llevar por las sensaciones que aquella lengua le proporcionaba.

El hombre movía su lengua y hundía su castigada cara en aquel dilatado coño, cuyo clítoris crecía de manera alarmante mientras él lo chupaba.

-Así me gusta, eren un buen comecoños ¡no pares!- decía la amazona mientras apretaba la cara del negro contra su coño. El hombre lamía, chupaba y besaba sin descanso mientras aquel coño se humedecía y dilataba cada vez más. Ella se frotaba y disfrutaba notando como la cara del negro se hundía en su hambriento órgano sexual.

Se corrió salvajemente y el negro tragó y chupó para poder seguir lamiendo aquel coño, llevaba uno, faltaban 8. Los minutos pasaban lentamente y el cansancio se había apoderado del hombre pero, él continuaba moviendo su cansada lengua, y hundiendo su castigada cara en aquella vagina poderosa.

-Si, si!- gritó ella antes de soltar otro chorro en su boca. Ya llevaba 2. Siguió, ignorando el cansancio y el dolor.

Los orgasmos iban recorriendo el cuerpo de la mujer y llenando la boca del hombre, 3, 4, 5, 6, 7..8. sólo faltaba uno más. No sabía cuánto tiempo llevaba allí ni cuánto quedaba pero se alegró al saber que estaba a sólo una corrida de evitar su muerte.

Se concentró en lamer aquel clítoris gigante y, en segundos consiguió su objetivo y otro torrente de fluidos resbaló por su garganta, el noveno orgasmo.

-Muy bien putita- le dijo la mujer tras disfrutar de aquel orgasmo -Llevas 9 en 30 minutos, ahora sigue igual 30 minutos más-

El negro, agotado, siguió lamiendo y chupando entre las piernas de aquella mujer. Sólo 30 minutos más y sería libre. Ella disfrutó de generosos orgasmos durante los próximos 30 minutos y sus corridas, llenaban la boca del muchacho una y otra vez.

Se levantó lentamente, liberando al negro de su presión y lo miró satisfecha. No pudo evitar sonreír al ver aquella cara, sangrante y deformada, empapada con sus fluidos.

-Ahora me tienes que dejar ir- le indicó aquel patético hombre con un hilo de voz casi inaudible.

La mujer se rió a carcajada limpia mientras colocaba un pie sobre el pecho del hombre y lo pisaba, manteniéndolo inmóvil contra el suelo.

-¿Te lo has creido? JAJAJAJA Era mentira- agregó la mujer

-¿Ves las cámaras? al otro lado están mis clientes y pagan grandes sumas de dinero para ver como destrozo hombres como tú. No estarían contentos si te dejo marchar. Tienes una lengua extraordinaria y quería disfrutar de ella antes de destruirte. Porque ahora te mataré, lenta y dolorosamente, tu sufrimiento durará horas y yo me correré de nuevo una y otra vez sobre tu cuerpo mientras te robo la vida-.

-¡NO, POR FAVOR NO! he hecho lo que me has dicho, déjame ir, por favor- el hombre intentó levantarse del suelo y huir pero la mujer lo mantuvo allí aplastado contra el suelo, mientras miraba sus patéticos e inútiles intentos por liberarse.

Lo agarró y lo levantó, rodeó su tórax con los brazos y lo apretó contra su pecho. Disfrutó mucho al notar el crujir de sus huesos y al ver aquella expresión de terror en los ojos de su víctima. Sus músculos empezaron a hundirse en la piel del muchacho, aplastando sus músculos y retorciendo sus huesos. En contacto con ella, su cuerpo era blandito. Quería disfrutar destrozándolo, mostrando su físico superior.

Lo soltó el tiempo justo para agarrarlo de un brazo y retorcerlo, el hombre cayó de cara al suelo, incapaz de contener el dolor mientras la mujer le retorcía el brazo. Colocó de nuevo un pie en su espalda para mantenerlo quieto mientras continuaba retorciendo aquel brazo, los crujidos de los músculos y tendones al desgarrarse mezclados con los gritos de agonía del negro eran música para sus oídos.

Continuó castigando aquel brazo con facilidad hasta que lo dislocó, luego siguió retorciendo, haciendo que los tendones, los músculos, los nervios e incluso los huesos de aquel brazo se partían y desgarraban mientras el hombre gritaba impotente por evitarlo.

Soltó el brazo orgullosa de su destrucción, ya no podría usarlo pero quería más. Dejó de pisar su espalda y se sentó sobre el codo de aquel brazo, lo agarró de la muñeca y tiró de él con fuerza. El codo se partió con un fuerte crujido y el brazo se dobló al revés. Ella continuó tirando de aquel brazo hasta que la mano tocó su hombro (pero doblado al revés).

Se levantó y miró su “obra” contenta.

-¿Has visto qué fácil?- agregó la mujer sonriendo -Ahora haré lo mismo con el otro brazo pero antes, quiero que lo utilices para adorar mi cuerpo, quiero que acaricies mi piel y sientas mis músculos antes de utilizarlos para dejarte sin brazos- ordenó la mujer autoritaria.

La amazona tensó su musculatura y posó para el negro, mostrando sus músculos hinchados y duros. Él, incapaz de llevarle la contraria, se levantó tembloroso y acarició aquel cuerpo. Quizá así no lo perdía.

La mujer disfrutó mucho de aquella sensación de superioridad, dominio y poder que tenía sobre aquel patético hombre al que iba a destrozar lentamente.

-Despídete de tu otro brazo- le dijo la mujer antes de tirarlo al suelo, inmovilizarlo con su peso y castigar su brazo de igual manera que lo había hecho con el anterior pero, en este caso, dejó el codo entero y dedicó más interés en castigar el hombro. Retorció el brazo una y otra vez en todas direcciones y no paró hasta que ya no notaba ninguna resistencia.

Lo levantó del cuello con una mano mientras con la otra le lanzaba terribles puñetazos que rompían sus costillas y desgarraban sus músculos, castigó aquel cuerpo durante largos e interminables minutos.

Orgullosa lo levantó sobre su cabeza y lo paseó por el Ring, mostrando ante las cámaras antes de lanzarlo volando contra la otra zona del Ring.

Él no podía dejar de llorar y gemir, su cuerpo temblaba y el dolor era insoportable.

-¿Alguna vez te han preguntado como prefieres morir? Te doy varias opciones: 1) morir follando 2) morir luchando 3) morir asfixiado. En realidad, solo puedes elegir entre la 1 y la 3 ya que, tú no puedes luchar-

El hombre la miró y rápidamente eligió la opción 1. Ella sonrió ante tal elección. -Todos elegíis lo mismo. Sois tan predecibles-

La mujer se alejó de él y rebuscó algo en su esquina. El negro tuvo miedo al imaginar que lo violaría por detrás con un dildo gigante pero la mujer no tenía ningún dildo, ya volvía hacia él con algo en la mano.

Su gran mano se cerró alrededor de su cabeza, sus dedos largos y poderosos lo obligaron a abrir la boca y le metió varias pastillas azules que le obligó a tragar.

-Estas pastillitas tardan un rato en hacer efecto- le informó la mujer -mientras tanto seguiré destrozando tu cuerpo y... especialmente tus genitales y luego, una vez te haya destrozado y seas incapaz de soportar tanto dolor, te follaré con fuerza. Disfrutaré aplastando tu ser bajo mi poderoso culo. Morirás entre mis piernas incapaz de soportar mis orgasmos. Aplastado entre mis músculos-

Antes de poder reaccionar la mujer atacó al negro. Sus puños, rodillas y pies caían de todas direcciones y se hundían en el blando cuerpo del muchacho, desgarrando tejidos, rompiendo huesos y generando muchísimo dolor.

Colocó la cintura del hombre entre sus piernas y aumentó la presión. El hombre gritó y lloró, suplicó e incluso pareció que luchó por evitar lo inevitable. Los muslos de la mujer crecieron y se endurecieron mientras sus rodillas se cerraban, aplastando la cintura del muchacho. Continuó apretando hasta que la cadera cedió y los huesos se trituraron.

Abrió sus piernas y el hombre cayó al suelo con la cadera destrozada. Lo agarró de sus tobillos, separó sus piernas y le pateó las pelotas. Les dió patadas y pisotones. No paró hasta que la vió sangrar por varias partes.

Liberó una de sus piernas, la otra la enredó con la suya luego, aumentó la presión, haciendo que la pierna del hombre se partiera como un palillo. Tensó al máximo sus músculos y se excitó al comprobar su extrema superioridad. La pierna del hombre parecía un brazo en vez de una pierna al compararla con la musculada pierna de la amazona.

La otra pierna la partió usando sus brazos. Una vez destruidas sus extremidades. Lo levantó y colocó sobre sus hombros. Paseó por el ring con aquel hombre cargado sobre sus hombros y tiró con fuerza.

Un inmenso placer la volvió a inundar al notar como el negro cedía bajo su fuerza. Notó como los músculos de aquel hombre reventaban incapaces de soportar tanta presión. Aumentó más la fuerza, retorciendo la espalda de aquel hombre hasta sobrepasar los límites. Se corrió al escuchar como su espalda crujía.

Lo liberó y él cayó al suelo como un saco de patatas. Le separó de nuevo las piernas para poder castigar de nuevo sus órganos sexuales. Golpeó y pateó, pisoteó y espachurró aquel sexo, lo golpeó una y otra vez, golpes que abrían heridas, creaban inflamaciones y generaban muchísimo dolor.

Continuó hasta que las pastillas azules hicieron su efecto. Miró con alegría como aquella polla crecía y se endurecía frente a sus ojos mientras él chillaba como un cerdo, incapaz de contener el dolor.

-Mátame ya por favor- le suplicó el negro

-Ya falta poco- le respondió la mujer -ahora te follaré, te meteré dentro de mi y te consumiré. Yo disfrutaré mucho cabalgando tu polla pero tú no, la he destrozado a propósito, no vas a disfrutar en absoluto. Para tí será una agonía, una agonía horrible e interminable. Una agonía de la que solo te librarás al morir-

Lo cogió de los tobillos y arrastró su cuerpo hasta el medio del Ring, lo cogió y levantó de las axilas, abrió sus piernas y colocó las polla en su vagina. Lo agarró fuerte del culo y tiró de él, introduciéndolo en su ser lentamente.

Nunca antes aquel negro había visto esa postura antes. Su cuerpo colgaba en el aire, sostenido por las manos de aquella mujer que lo metía y sacaba de su sexo.

Aumentó el ritmo y la fuerza poco a poco. El dolor era demasiado y el negro solo podía llorar y gritar mientras suplicaba clemencia. La mujer se lo folló en esta postura durante varios orgasmos. Luego lo lanzó al suelo, lo colocó boca arriba y lo cabalgó otra vez.

Cambió de postura de nuevo, lo agarró de los tobillos y dobló sus piernas, los huesos del hombre crujieron y él gritó al sentir aquel dolor. La mujer continuó retorciendo aquel cuerpo hasta conseguir colocar las piernas por debajo de las axilas, quedando él hecho una pelota con una polla dura y grande apuntando al techo.

Rodeó aquel cuerpo con sus poderosos brazos y lo apretó contra su cuerpo antes de absorver su sexo y aplastarlo con furia. Se lo folló agresiva mientras lo apretaba contra su pecho. Los orgasmos recorrieron su cuerpo una y otra vez. La polla del hombre seguía dura y ella seguía cabalgando.

Se folló aquel cuerpo durante horas, perdida en un mar de orgasmos y placeres muy carnales y agradables. No sabe cuando murió pero, tras el último orgasmo ya no respiraba.

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miércoles, 24 de octubre de 2012

Olga - "Ménage à trois"



Ser una mujer sensual tiene sus ventajas, ningún hombre se resistía a su imponente físico, su tersa piel y sus exuberantes curvas. Su mirada, fría y ardiente era hipnótica y profunda. Una mirada que te arrancaba el alma y te dejaba sin iniciativa.

Escondía una personalidad fuerte, dominante y agresiva bajo un cuerpo trabajado con horas de gimnasio y una genética envidiable. En ese local, ella era el lobo con piel de oveja y, los hombres sus presas. Ellos, predecibles e inconscientes del peligro que aquella mujer representaba.

Cuando entraba en un local el silencio se apoderaba del lugar y las miradas de asombro se clavaban en su ser. Podía elegir a cualquiera: hombres y mujeres con tan solo chasquear sus dedos. Era demasiado bella e imponente para ser ignorada. Envidiada y deseada, odiada y perseguida Olga disfruta de su posición de dominio. Su cabeza sobresale por encima de la multitud gracias a su gran tamaño.

Vió a los gemelos y le gustó la idea de montárselo con los dos, un “ménage à trois”. Estaban con dos chicas pero no sería ningún problema. Olga clavó su mirada en los hermanos y al final se encontraron. Sin dejar de mirarlos, humedeció sus labios con la lengua antes de morderlo sensualmente. Los hermanos, hipnotizados, se acercaron a Olga y se olvidaron de sus parejas. Ella no pudo evitar reírse al constatar de nuevo su poder y fuerza sexual. Una mirada había bastado para arrancar a aquellos hombres de sus putas. Su cuerpo era como un imán gigante, como una trampa de luz para las moscas.

Su coño se humedecía mientras ellos se acercaban seguros y confiados hacía aquella belleza casi divina. Notó como sus pezones se marcaban contra el tejido de su blusa. No intercambió ninguna palabra, cuando llegaron a su posición los agarró de la nuca y los besó con furia mientras los envolvía con su cuerpo. Notó como sus pollas se endurecían y las apretó contra sus piernas. Siguió comiéndose sus bocas y frotándose contra sus cuerpos hasta que temblaron entre sus brazos y se corrieron, incapaces de contener tanta sensualidad.

Miró a aquellos hombres y sintió un gran placer al imaginar los acontecimientos que iban a presentarse el fin de semana. Eran justo lo que necesitaba. A veces, necesitaba sentirse follada, rellena de pollas grandes, duras y potentes. rellena de leche caliente. Sentir como cuerpos grandes y potentes, musculados y duros la penetraban con fuerza. A veces le gustaba sentir un hombre capaz de follarla, un hombre como ella. Grande y potente, agresivo y dominante pero sólo a veces y, había otras veces en las que ella es la que follaba, ella es el ser grande, duro y musculado al que satisfacer.

Hoy los gemelos serán las putas de Olga, ella lo sabe, sabe que se los follará y dominará, sabe que jugará con ellos sin parar, sabe que se correrán una y otra vez bajo sus órdenes, sabe que sufrirán y llorarán, sabe que lucharán y suplicarán, sabe que intentarán escapar incapaces de satisfacer su hambre sexual, y también sabe que serán suyos todo el fin de semana por mucho que lloren, griten o supliquen... todo eso la excita todavía más.

¿Porqué los hombres son incapaces de ver el peligro cuando éste se presenta en forma de mujer? ¿Qué parte de su minúsculo cerebro no les permite ver el peligro en un cuerpo como el de Olga? ¿Porqué un hombre de 1,70m. y 60 kilos de peso no se siente amenazado ante una mujer de más de 2 metros de altura, 90 kilos de peso, atlética , musculosa y decidida? Olga no tenía respuesta a esas preguntas pero le gustaba que los hombres fueran así de “ciegos”. Era más fácil para ella atraerlos a sus redes y poseerlos, romperlos y usarlos para alimentar su sadismo y necesidades sexuales.

Olga rodeó con sus brazos a los gemelos y los apretó contra su cuerpo. Sus pezones se endurecieron al notar las cabezas de los hombres prietas contra sus tetas. Salió del local con un hombre debajo de cada brazo, sus pezones seguían duros y su coño húmedo.

Dirigió sus pasos a un hotel cercano y, a los pocos minutos entraba en la habitación con sus dos “hombres” todavía agarrados a sus costados. Sus pezones se endurecían a cada paso y los hermanos, excitados ante la expectativa que se presentaba no veían como el lobo los llevaba al matadero.

La puerta se cerró, dejando a los 3 sólos en la habitación. Olga sonrió y aumentó la fuerza de sus brazos. Sus músculos se endurecieron y los bíceps crecieron alrededor del cuello de los gemelos. Los hermanos notaron como aquellos brazos se cerraban alrededor de su cuello. Se impresionaron al notar la fuerza y dureza con la que sus cuellos eran aplastados. Intentaron, sin éxito, abrir aquellos brazos que les impedían respirar. Sus incrédulos dedos descubrieron unos músculos mucho más grandes, duros y definidos de lo que esperaban. Olga disfrutaba y sonreía mientras les robaba el aire.

Aumentó su presión, clavando sus bíceps en la débil piel de los hermanos mientras los notaba retorcerse inútilmente. Estiró su cuerpo y tensó sus músculos, los pies de los hombres se separaron del suelo y empezaron a moverse frenéticamente mientras intentaban liberarse de aquella presión que los impedía respirar. Intentaron liberarse, gritar, golpear y apartarse de aquella agonía pero, sus esfuerzos eran insignificantes al lado de la poderosa amazona.

Ella los apretó con más fuerza contra su cuerpo. Los mantuvo así, extrangulados hasta que, inconscientes, dejaron de moverse. Otro orgasmo recorrió su cuerpo y notó como sus pezones luchaban por cortar la tela que los oprimía. Relajó sus músculos y liberó a los dos hermanos que cayeron al suelo como dos sacos de patatas.

Se sirvió una bebida, encendió un cigarro y se sentó en la cama, observando a los 2 cuerpos mezclados en el suelo. Dejó que sus dedos se perdieran entre sus piernas mientras se masturbaba imaginando lo que haría con ellos. Eran pequeños, blanditos y débiles como niñas pero tenían un cuerpo de jóven adolescente que la ponía a cien.

Los hermanos recuperaron la conciencia casi a la vez segundos después que Olga se llevara a si misma al orgasmo. Miraron a su alrededor extrañados y se quedaron congelados al ver a aquella mujer mirarlos fijamente desde la cama. Antes de poder abrir la boca. Olga les ordenó de manera seca y autoritaria que se desnudaran.

Daniel y David (nombre de los gemelos) se mostraron indignados y enfadados. Se levantaron y entre insultos e improperios se marcharon de aquella habitación o, al menos eso intentaron ya que, la puerta no se abría. Estaba cerrada con llave.

Daniel (o David) se dirigió a la mujer y la amenazó con usar la fuerza y la violencia si no les abría la puerta y los dejaba marchar. Agregó que iban a denunciarla a la policía.

Olga se levantó de la cama y la garganta de los gemelos se secó de repente al recordar de nuevo lo grande que aquella mujer era. Los hermanos parecían niños al comparar sus tamaños. Olga se acercó lentamente a los enfadados muchachos y, sin mediar palabra, empezó a abofetearlos, golpearlos y patearlos durante un buen rato por toda la habitación. Los hermanos no podían hacer nada para defenderse de aquella fuerza superior.

-¡Desnudaos!- ordenó de nuevo la mujer autoritaria y, esta vez los dos hombres acataron la orden sin rechistar. Aquella mujer acababa de darles una paliza casi sin querer y ellos no habían podido hacer nada para evitarlo. Su físico era muy superior. Los hermanos ya no veían a aquella mujer como una montaña de tetas y culo extremadamente sensual, ahora la veían como una montaña de músculos y fuerza extremadamente peligrosa.

Olga se acercó a ellos mientras retrocedían asustados. Ella notaba como sus pezones se endurecían de nuevo al leer el miedo en aquellos “hombres”. Los gemelos retrocedieron hasta que una pared les impidió seguir huyendo de la amazona.

La mujer se detuvo a pocos centímetros de los hermanos con las manos apoyadas en su cadera y los miró. Temblaban acorralados contra la pared mientras observaban como los pezones de aquella mujer (situados directamente frente a sus ojos) se endurecían y marcaban contra la tela de la blusa. Aquella mujer estaba exitada, no había duda.

La mujer los obligó a desnudarla lentamente, con algunas prendas; Olga los obligó a humillarse todavía más. Daniel (o tal vez David) tuvo que arrodillarse entre sus piernas y sacarle las bragas con la boca mientras su hermano le besaba los pies.

Olga aplastó a los hombres contra la pared usando su peso y los obligó a lamer y chupar sus pezones. Castigó sus cuerpos cada vez que uno de ellos la tocaba con sus manos. Sólo podían tocar lo que ella ordenara cuando ella lo ordenara. A ambos les quedó claro el mensaje y no volvieron a colocar sus manos sobre la piel de aquella mujer.

Apretó sus muslos entre sus piernas, frotando su sexo mientras ellos seguían chupando y lamiendo sus tetas tal y como ella había ordenado. Notó como las pollas se endurecían y se corrió al sentir como sus pollas escupían semen blanco y caliente sobre sus muslos.

Los obligó a arrodillarse frente a su ser y les ordenó que usaran su lengua para limpiar su muslo y tragar su semen. Ellos se rebelaron y ella tuvo que utilizar de nuevo la fuerza para someterlos. Golpeó aquellos cuerpos débiles y patéticos que lloraban y suplicaban perdón como niños mimados hasta que acataron la orden y, sumisos, se tiraron a sus pies con la intención de chupar y lamer cada centímetro de su piel si así lo deseaba.

Los hermanos chuparon su piel y tragaron su semen mientras la mujer los observaba con soberbia y hundía los dedos en su húmedo sexo. Los obligó a continuar chupando y lamiendo todo su cuerpo mientras ella disfrutaba viéndolos llorar y temblar entre sus piernas inundados por el terror que su presencia les provocaba.

Su coño ardía en deseo así que los montó, colocó a David (o Daniel) en el suelo y se colocó sobre él, introduciendo su pollita en su generoso órgano sexual y obligó al hermano a situarse detrás de ello y penetrarla por detrás. Quería sentirse llena de pollas pero, aquellos hombres eran demasiado poco hombres y, aquellas pollas no eran lo suficientemente duras para penetrarla. Se doblaban y retorcían, incapaces de superar la dureza de su sexo.

Los hombres lloraban y suplicaban mientras sus pollas eran aplastadas, dobladas y presionadas entre las piernas de aquella mujer. Era demasiado mujer para aquellos hombres. Demasiado dura, potente y grande para aquellas pollas blanditas y pequeñas. Notó como las pollas se asustaban y encojían incapaces de penetrarla, aquello no iba a funcionar.

Fustrada y enfadada castigó el cuerpo de aquellos hombres retorciéndolos dolorosamente contra su cuerpo. Ellos lloraban y gritaban mientras sus huesos crujían y se partían incapaces de soportar la terrible presión que los titánicos músculos de la amazona podían generar sobre sus débiles cuerpos.

Decidida a disfrutar, se abrió de piernas y ordenó a uno de ellos (da igual quién, eran iguales) a hundir su cabeza y lamer su coño. Lo rodeó con sus piernas y lo apretó contra su sexo. Al otro lo presentó frente a su cara y se comió su polla. Ahora si, ahora gozaba. Podía notar como su coño se deshacía de placer al frotarlo contra la cara de aquel hombre mientras saboreaba la polla de su hermano.

Los dos hermanos estaban totalmente indefensos en manos de aquella cruel amazona. David tenía graves problemas para respirar y notaba como su cabeza era aplastada dolorosamente contra su hambriento sexo. Los muslos que rodeaban su cabeza eran grandes como su torso y duros como el acero. No tenía ninguna oportunidad de liberarse así que, chupaba y lamía, moviendo su lengua frenéticamente para mantener contenta a su captiva.

Daniel no estaba en mejor posición. Aquella mujer lo tenía inmovilizado e indefenso mientras se comía su polla con ansia y agresividad. Rodeaba su torso con uno de sus brazos, manteniendo sus brazos inmóviles en sus costados mientras, con el otro brazo lo agarraba de las piernas y lo mantenía totalmente controlado.

El tiempo pasaba lento y los dos hombres sufrían impotentes las agresiones sexuales de aquella mujer. David notó como el ritmo aumentó y como aquellos muslos se cerraban cada vez más alrededor de su cabeza, hundiendo su cara dolorosamente contra aquel, cada vez más dilatado, coño. Olga tembló y David tragó sus orgasmos, y gritó al notar como aquellas piernas se cerraban con más fuerza y hundían su cara entre las húmedas paredes de su sexo.

Daniel explotó en su boca y Olga saboreó hasta la última gota de semen. Su experimentada lengua no dejó que aquella pollita se arrugara y continuó chupando aquella polla ignorando las quejas y sollozos del hombre. Siguió chupando la polla de Daniel y apretando la cara David contra su coño con furia mientras los orgasmos recorrían su cuerpo.

Daniel volvió a correrse una y otra vez en la boca de aquella mujer que lo ordeñaba hasta la última gota. Olga gozaba perdida en un mar de placer. Notaba los cuerpos de aquellos hombres retorcerse indefensos bajo su poder. Sometidos a sus perversiones mientras los exprimía con sus músculos. Se corrió de nuevo al notar las lágrimas de aquellos hombres deslizarse por su piel.

La polla que tenía en su boca ya no se ponía dura. Necesitaba otra polla fresca. Intercambió las posiciones de los gemelos y colocó a Daniel entre sus piernas mientras chupaba la polla de su hermano. Daniel sintió terror al notar como las piernas se cerraban dolorosamente alrededor de su cabeza y su cara era aplastada contra aquel signo de feminidad.

Olga disfrutó al notar de nuevo una polla válida en su boca. Chupó y tragó de nuevo mientras sus caderas se movían frenéticamente frotando la cara del hombre agresivamente contra su ardiente coño. Disfrutó de generosos orgasmos hasta que aquella polla se convirtió en un pellejo inútil (igual que su hermano).

Volvió a intercambiarlos y así lo hizo, una y otra vez, corriéndose en sus caras mientras les gastaba la polla. Tras varias horas de agresión sexual aquellas pollas ya no crecían. Había sido tanto el abuso que las pollas sangraban, abusadas.

Olga necesitaba otro orgasmo. Colocó la cabeza de los dos gemelos entre sus piernas, uno directamente frente a su insaciable órgano sexual y, el otro, apretado contra su culo. Se frotó contra sus caras, usándolas como dildos y no se detuvo hasta que se corrió salvajemente sobre las caras de sus víctimas.

Olga disfrutó durante un rato de los orgasmos que recorrían su piel y, finalmente se puso de pie y miró a los 2 hermanos que se revolvían a sus pies semi-inconscientes. Sus pollas estaban irritadas y llenas de heridas. Ambos tenían la nariz deformada y sangraban. Uno de ellos tenía una expresión rara. Olga le había partido la mandíbula entre orgasmos.

Aquellos hombres tenían muy mala pinta y sólo había pasado un día. Era imposible que le duraran todo el fin de semana. Olga se enfadó, esos hombres le tenían que durar algo más y ya estaban destrozados. Debía abandonar sus planes y cancelar la diversión para este fin de semana.

Patéticos hombrecillos de mierda, pensó. Sentía como su coño despertaba de nuevo, hambriento de sexo y allí solo habían dos sacos de carne incapaces de darle placer. Tenía que castigarlos. Estaba enfadada y lo tenía que pagar con ellos.

Cogió a Daniel y lo colocó en la cama boca abajo. Luego colocó a su hermano encima, también boca abajo y los abrió bien de las piernas. Una sonrisa cruel se dibujó en su cara al ver aquellos culitos vírgenes: SIII, eso iba a hacer, iba a penetrarlos. La máxima humillación que un hombre puede tener.

Olga abrió el bolso y allí estaba, su “pequeño” compañero de diversión. Solo lo utilizaba con mujeres pero, hoy haría una excepción. Se colocó correctamente el strap-on dildo y sintió como sus pezones se endurecían ante la expectativa.

Sin miramientos, caricias ni dulzura, Olga hundió su polla de goma en aquellos cuerpos y los desvirgó. No paro hasta que se corrió una y otra vez y, finalmente, se sintió saciada (por hoy).

Obligó a que los hermanos chuparan y limpiaran el dildo antes de guardarlo y desaparecer de la habitación.

Los hermanos fueron encontrados el día después por el servicio de limpieza del hotel y fueron ingresados rápidamente en un hospital, donde estuvieron ingresados 2 semanas antes de poder volver a casa llenos de heridas y traumas que nunca cerrarían.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Psicópata Bárbara

Bárbara vino al mundo de un modo especial. Su madre: Nadia, era una empresaria rusa y adinerada, una mujer solitaria, decidida y con graves trastornos psicológicos y sexuales (de pequeña vivía en una pesadilla en la que era repetidamente violada por su padre y hermanos ante la pasividad de su madre).
Odiaba a los hombres y lo que representaban. Por ello, deseó que su hija fuese fuerte y poderosa. Una mujer incapaz de ser violada por nadie ya que, su hija sería superior físicamente a cualquiera. Una amazona capaz de defenderse de cualquier ataque gracias a su físico y sus habilidades.
Obsesionada con dar a luz a una mujer superior físicamente, dedicó mucho tiempo y dinero en diferentes tratamientos para potenciar la correcta gestación de la pequeña. Quería una mujer alta, fuerte y corpulenta a la que no le pudieran hacer lo que a ella le hicieron.
Es por eso que Nadia buscó los genes perfectos y consiguió óvulos y esperma de distintos portentos físicos. Un equipo formado por los mejores científicos: mezcló, mejoró y seleccionó a los que consideró superiores y, tras una operación sencilla, se quedó embarazada de una niña que llevaba los mejores genes que había encontrado y potenciado.
Sus esfuerzos por dar a luz a una mujer superior no acabaron allí. Nadia invirtió más dinero en más tratamientos que prometían mejorar el desarrollo físico del embrión. Los pinchazos y las pastillas se tornaron algo habitual durante el embarazo de la rusa adinerada.
Finalmente, un 7 de Agosto nació Bárbara con más de 5 kilos de peso y en un estado físico perfecto.
Nadia educó a su hija bajo un régimen totalitario, feminista y con una fuerte disciplina militar. La pequeña no tenía vida social y estaba constantemente rodeada por un equipo de mujeres que se encargaban de formarla y ayudarla. Incluso la escuela fue vetada y prohibida por Nadia que quería moldear la mente de su hija aplicando sus propios conocimentos y creencias.
La infancia de la niña fue corta y dura. A los 8 años de edad, la agenda diaria de Nadia ya estaba repleta de actividades (clases de formación, gimnasia, feminismo, artes marciales,...). También continuó recibiendo distintos tratamientos para potenciar su crecimiento físico en la adolescencia.
A los 14 años de edad Bárbara ya disponía de un físico estupendo. 1.75 metros en 79 kilos de peso. Su cuerpo, tonificado y flexible, era superior al de la mayoría de adultos. Nadia se sentía orgullosa de su hija y contenta por el resultado obtenido.
El odio hacia los hombres también fue trasmitido de madre a hija y Bárbara, al igual que su madre, odiaba a los hombres y deseaba castigarlos por” todo lo malo que habían hecho” (según su madre, los hombres tenían la culpa de todo lo malo y el mundo estaría mejor sin ellos). Lo que desconocía su madre es que Nadia odiaba también a las mujeres. Se veía a si misma como un ser superior a hombres y mujeres. Ella era más grande, más fuerte y poderosa, los hombres eran como mierda para ella pero, las mujeres también. Sólo respetaba a los seres más fuertes.
Nadia miró a su poderosa creación y la vio alta y fuerte, sus conocimientos en distintas disciplinas (boxeo, karate, thai, judo,  etc.) eran excelentes y decidió pasar al siguiente nivel. Quería comprobar lo que su hija de 15 años podía hacer.
Preparó un combate privado en su casa y contrató los servicios de distintos luchadores (boxeadores, karatekas, etc.) para que lucharan contra Bárbara en sus distintas disciplinas.
El primer combate fue de boxeo y enfrentó a la jóven amazona con un sub-campeón regional de 29 años, 75 kilos y 1.70 mts. El combate duró 3 minutos y lo ganó Bárbara por KO. Fue la primera vez que Bárbara notó aquel calor agradable. No había tenido contacto con muchos hombres y, aquel dominio físico la hacía sentir especial.
El segundo combate (Wrestling) duró algo más, ya que Bárbara se tomó su tiempo retorciendo el cuerpo del muchacho bajo su poder. Disfrutó escuchando los gritos de dolor y el crujir de las articulaciones de su adversario mientras lo aplastaba contra su cuerpo de hierro. El calor y el placer volvió a concentrarse en su cuerpo.
El karateka sólo aguantó una patada antes de caer inconsciente a los pies de la “niña” con 4 dientes menos y la mandíbula fracturada. Aquella fue la primera vez que Bárbara sintió aquel calor especial, una especie de agradable picor entre sus piernas. Su primer orgasmo y le gustó. Le gustó mucho.
Los cambios durante la adolescencia fueron más exagerados y a los 19 años, Bárbara ya disponía de casi todo su potencial. Un cuerpo de 2.10 metros en 164 kgs de duros músculos. Una auténtica amazona poderosa y peligrosa, con un deseo irrefrenable por dominar física y sexualmente al resto de formas de vida.
Nadia examinó a su hija y constató que tanto tratamiento y musculación habían hecho desaparecer las formas femeninas de su hija. Bárbara no solo tenía que ser poderosa, también tenía que ser bella y sensual.
Bárbara fue sometida a distintas operaciones de cirugía estética para destacar su feminidad. Se agrandaron sus pechos, se redujo su cintura y se le hicieron varias liposucciones. Se redujo su nariz y le hicieron unos labios más carnosos y sensuales entre otras cosas.
Una vez finalizada la operación, Nadia dio por concluida la evolución de su hija y la observó orgullosa, sin saber que tenía frente a si a una persona desequilibrada y antisocial. Había creado a una psicópata peligrosa con deseos de dominación sobre el resto de formas de vida. Nadia quería a una protectora y había creado a una agresora.
Bárbara sentía placer reafirmando su superioridad. Sólo su madre desconocía su maldad, violencia y sadismo. Bárbara disfrutaba dominando a las personas. Todas sus profesoras, educadoras y demás personal había sido humillado, golpeado y violado durante los últimos años por la jóven amazona. Su poderoso cuerpo le permitía doblegar a los demás bajo sus caprichos. La gente la temía, su fuerza era casi sobrenatural y nadie podía detenerla.
Con 19 años de edad, se sentía completa, grande y poderosa. Un ser superior, mejor que el resto y sólo le quedaba una cosa: ocupar el lugar que le correspondía. Ella era el ser supremo y había llegado el momento de usurpar el trono de su madre. Ya no la necesitaba. No había nada que aprender de aquella mujer autoritaria. Estaría mejor sola y ya era mayor de edad, podía quedarse con la fortuna de su madre.
Durante años, Nadia había ignorado las quejas y denuncias de las cuidadoras y profesoras que se encargaban de su hija. Había echado a algunas de ellas por considerar que mentían al denunciar el trato recibido por su querida hija. Ahora tenía frente a sí una escena que no podía creer. ¿Porqué había estado tan ciega?
Bárbara estaba abusando sexualmente de tres de sus cuidadoras en el gimnasio. Los ojos de Nadia se abrieron como platos al ver a su hija hacer aquello que ella tanto había luchado por evitar. Bárbara la miró y sonrió mientras continuaba lamiendo, besando y perforando con sus dedos a sus juguetes.
Las mujeres lloraban amargamente mientras eran violadas en manos de su hija. Nadia miró, impotente e incrédula, como su hija frotaba su coño contra la cara de Ana mientras lamía los pechos de Esther y Estela a la vez que introducía sus dedos profundamente entre sus piernas.
Aquellas mujeres eran sus entrenadoras. Tenían conocimientos en muchas disciplinas deportivas y de combate, unos cuerpos fuertes y flexibles y las tres habían recibido distintas medallas. Nadia las había visto en acción, luchando y demostrando una gran potencia.
En manos de Bárbara, aquellas campeonas parecían débiles y frágiles. Muñecas de trapo en manos de una niña mimada. La masa muscular de las tres juntas no llegaba a igualar la de Bárbara. Nadia observó como los cuerpos de aquellas mujeres se retorcían de dolor bajo los músculos de su hija mientras eran perforadas agresivamente por la amazona.
Nadia, furiosa, ordenó a Bárbara que se detuviera pero ella la ignoró y continuó disfrutando de aquellos cuerpos. Estaba cachonda y sentía como el calor recorría su piel. Ver a su madre tan asustada hizo que su excitación aumentara todavía más.
Bárbara apretó con fuerza aquellas mujeres contra su cuerpo, introduciendo sus excitados pezones en sus bocas mientras se frotaba con furia en la cara de Ana. Miró fijamente a su madre y dejó que los orgasmos recorrieran su cuerpo. Segundos después relajó sus músculos y libero a aquellas mujeres que, semi-inconscientes, cayeron al suelo tosiendo y llorando mientras se retorcían a causa del dolor.
Sin dejar de mirar a su madre, Bárbara se levantó y se acercó a ella con una malvada sonrisa dibujada en su cara. Nadia miró a las 3 mujeres. Estela y Esther se revolvían de dolor y Ana se mantenía inmóvil con sangre en la cara. ¿La había matado?
Nadia se impresionó al ver aquel cuerpo desnudo acercarse. Hasta ahora nunca había visto a su hija totalmente desnuda y era una imagen difícil de olvidar: 2.10 metros de pura musculatura en un cuerpo de exageradas formas femeninas. Los músculos de la amazona parecían bailar tras cada paso de la chica.
Nadia retrocedió de manera inconsciente hasta llegar a la pared mientras su hija se acercaba lentamente balanceando su cuerpo de manera sensual. La diferencia física entre ambas era exagerada. Nadia solo pesaba 45 kilos en un cuerpo de 1.50 metros mientras que su hija  pesaba cerca de 190 kilos de peso: más de 4 veces el peso de su madre.
Bárbara se detuvo a escasos centímetros de su madre. Nadia tembló de miedo al notar la mirada de su hija. Tenía que levantar la cabeza y mirarla entre sus pechos (que quedaban por encima de Nadia).
La chica se excitó al comprobar su superioridad frente a aquella mujer vieja, pequeña y débil que no le llegaba a los pechos. Solo uno de sus muslos contenía más músculos y poder que el cuerpo completo de su madre. La desnudó sin contemplaciones, le arrancó la ropa que parecía deshacerse entre sus fuertes dedos mientras Nadia gritaba órdenes que su hija no pensaba acatar.
Colocó sus manos en la cintura y miró de nuevo entre sus pechos a aquella mujer a la que llamaba “madre” temblar de miedo. Le gustó aquella sensación. Apretó su cuerpo contra el de su madre, aplastándola contra la pared. Los ojos de Nadia se abrieron como platos al verse aplastada contra el musculado y duro cuerpo de su hija. Le costaba respirar y moverse bajo la presión que su hija aplicaba.
Oyó las carcajadas de Bárbara mientras, impotente, luchaba por liberarse de aquella presión y poder moverse y respirar. El miedo creció en su interior a medida que le faltaba el oxígeno.
“Ya no me sirves para nada” le informó la chica mientras aumentaba la presión contra su cuerpo. “Tengo que dejar de vivir con mi madre ” agregó mientras sus pezones se endurecían. “Tal vez te dejo vivir si me demuestras que me sirves para algo...” Los pezones de Bárbara continuaron endureciéndose bajo la excitación que provocaba la dominación de su madre. “Chupa mis pezones, dame placer y, si lo pides con respeto, te dejaré vivir para poder usarte”.
Nadia no podía creer lo que estaba escuchando pero no podía hacer más que acatar sus órdenes si deseaba seguir con vida, sentía como su cuerpo era aplastado y notaba como sus pulmones se vaciaban. Estiró su cuerpo y luchó contra la presión que el peso de su hija ejercía, sacó su lengua e intentó lamer aquellos pezones grandes y duros que se balanceaban sobre su cabeza. Lo intentó, pero no llegó. Bárbara se rió al comprobar como su madre era incapaz de llegar a sus pezones. Era tan pequeña, tan débil y ella era tan superior, dura y potente.
“Eres tan inútil que no sirves ni para chuparme las tetas” le indicó la amazona. Bárbara levantó uno de sus pechos y lo colocó sobre la cabeza de su  madre como forma de humillación. “Ja ja ja... mira que eres patética” le dijo tras reírse de ella.
Nadia se sentía asfixiada y aplastada. Notaba los músculos de su hija apretarse duros contra su cuerpo. No podía hacer nada para mejorar su situación y lo único que había echo Bárbara para dominarla de esta manera había sido apretar su cuerpo contra el suyo. Ni tan solo había usado sus musculadas extremidades.
“Quiero mirarte a los ojos y ver tu miedo mientras te quito la vida” le dijo antes de agarrarla de los brazos y levantarla con facilidad hasta que su cabeza se asomó entre sus pechos. Una vez colocada, volvió a apretar su torso contra el cuerpo de su madre, aplastándola de nuevo contra la pared, esta vez manteniendo su cabeza enterrada entre sus enormes y redondos pechos mientras sus pies pateaban el aire. Cada uno de aquellos pechos era más grande que la cabeza de Nadia.
Colocó sus puños en la cadera y la miró profundamente en los ojos. Nadia intentó liberarse de aquella tortura. Su hija la estaba ahogando con sus pechos y ella no podía hacer nada para evitarlo.  Pateó y golpeó aquella montaña llena de curvas y músculos pero, sus golpes se estrellaban contra la piel de Bárbara sin afectarla. Se excitó todavía más al comprobar de nuevo su inmensa superioridad frente al testo de mortales. Le gustaba notar aquel cuerpo entre sus pechos, luchando por escapar. Disfrutó leyendo el terror en sus ojos.
“¡Suéltala! la vas a matar” gritó Estela antes de agarrar a Bárbara del brazo e intentar seperarla, sin éxito, del cuerpo de su jefa. “¡Ayudadme!” gritó la campeona al comprobar que sus esfuerzos por liberar a Nadia de la amazona eran inútiles. Esther se levantó y decidió ayudar a su compañera. Ana no se levantó, continuaba en el suelo: inconsciente.
Las dos mujeres se lanzaron sobre el cuerpo de Bárbara e intentaron moverlo para liberar a Nadia de una muerte segura pero, no consiguieron moverla. Bárbara miró a las mujeres y disfrutó al constatar de nuevo su superioridad.
Todo aquello la estaba poniendo caliente, muy caliente y tenía ganas de alimentar su sexo. Agarró a Estela del cuello y la colocó contra la pared (debajo de su madre). Separó sus piernas y colocó a la mujer en la posición deseada: con su cara apretada contra su ardiente coño antes de cerrar sus piernas alrededor de su cuerpo y mantenerla prisionera contra su sexo.
Esther continuó luchando intentando mover el cuerpo de la chica y liberar a a las dos mujeres de aquella tortura. Bárbara la agarró y la colocó detrás, de rodillas. Usando sus manos, apretó la cabeza de Esther contra su culo, llevando la boca de la mujer contra su ano.
Bárbara cerró los ojos y empezó a mover sus  caderas, restregando su sexo en la cara de Estela y su ano en la de Esther mientras le quitaba la vida a Nadia al asfixiarla entre sus pechos. Se frotó agresivamente contra las mujeres y se apretó con fuerza contra sus débiles cuerpos hasta que los orgasmos recorrieron su piel y su coño liberó un torrente de fluidos.
A causa del orgasmo, su cuerpo se tensó y sus músculos se endurecieron aplastando los cuerpos de las tres mujeres, su forma tembló y, minutos después, abrió los ojos y volvió a la realidad. Separó sus piernas y se apartó de la pared, liberando aquellos cuerpos. Las tres mujeres cayeron al suelo. Observó a su madre y comprobó que no respiraba.
Bárbara sintió un gran placer al validar la muerte de aquella mujer. Era la primera vez que mataba (un deseo oculto que reprimía desde hacía años) y la sensación era increíble e intoxicante. Su coño ardía de excitación y sus pezones estaban erguidos y duros.
Había sido tan fácil. ¿Tan superior era al resto de mortales? Quería liberar toda su potencia y conocer su verdadero poder. Golpear y aplastar con fuerza para ver lo que era capaz de hacer.
Sus manos se cerraron de nuevo alrededor del cuello de Estela y Esther y levantó sus cuerpos, quería estirar sus brazos y mantenerlas en alto pero, el techo lo impedía. Una idea cruzó su cabeza y una sonrisa cruel y despiadada se dibujó en su cara.
“Os voy a matar a las dos y ninguna podrá hacer nada para evitarlo” Miró a aquellas mujeres que luchaban por abrir aquellas manos y gozó viendo el terror en sus ojos, luego relajó sus brazos y, rápidamente los levantó, golpeando el techo con las cabezas de las mujeres que tenía entre sus dedos.
Repitió este proceso varias veces. El ruido de las cabezas al golpear el duro techo resonaba en la habitación. CLOK.. CLOK... CLOK CR, CRRR... CROK … CLAK...
No se detuvo hasta escuchar como los cráneos se abrían y robaba la vida de aquellas mujeres. Era tan fácil. Demasiado poderosa, demasiado grande, demasiado superior. Lanzó aquellos cuerpos sobre el cadáver de su madre y miró orgullosa la sangre que resbalaba sobre su piel. Se sentía bien.
Ana abrió sus ojos y el dolor inundó su cuerpo. “Buenos días” escuchó y, de repente, recordó lo ocurrido. Asustada, observó con asombro como Bárbara tendía una mano para ayudarla a levantarse. Miró a su alrededor y su corazón se detuvo al ver los cadáveres de las 3 mujeres desnudas amontonados junto a la pared sobre un charco de sangre.
“Dame la mano” le indicó Bárbara con una mirada penetrante. Ana tenía miedo de aquella mujer, pero más miedo tenía de hacerla enfadar así que estiró su brazo y la cogió de la mano. Bárbara tiró de ella, ayudándola a ponerse de pie.
“No me hagas daño” suplicó Ana. Bárbara sonrió y aumentó la presión de su mano. Ana notó el dolor e intentó liberar su mano pero ya era tarde. “AAArrrrrgggh...!” gritó al notar como sus dedos se retorcían y sus huesos explotaban bajo la tremenda presión que la amazona ejercía en su mano.
Bárbara gozó y difrutó del placer que su sadismo y violencia generaban. Continuó destrozando la mano de Ana, aplicando cada vez más fuerza mientras la pequeña mujer (para ella) se retorcía de dolor, incapaz de liberar su mano de tal tormento. Mantuvo en todo momento contacto con sus ojos, mirándola profundamente.
Apretó y retorció, no se detuvo hasta que los crujidos cesaron y entonces abrió su mano y miró orgullosa como la mujer (con los ojos abiertos como platos) se miraba la deformada mano mientras se retorcía de dolor a sus pies.
Se sentía bien, nunca antes se había sentido tan bien, tan superior e imparable. Continuó castigando el cuerpo de aquella mujer lentamente, quería saborearlo, disfrutar de cada grito. Destrozó los brazos de Ana (practicante de culturismo y boxeadora profesional).
Se sentía bien consigo misma. Agarró a la mujer de los tobillos y los levantó y separó, abriendo de piernas a la mujer y presentando su rico sexo frente a su boca.
“Coñito rico” dijo antes de acercarla a su boca y hundir su cara en ese coño sabroso. Bárbara lamió y chupó aquel coñito. Ana no podía hacer nada para evitarlo. Aquella chica había inutilizado sus brazos e inmovilizado sus piernas.
Bárbara disfrutó saboreando aquel coño, lo perforó con su gran lengua y lo chupó una y otra vez. Se comió aquel coño con ansia ignorando los gritos de su víctima hasta que calmó su hambre sexual. Luego, colocó la cabeza de la mujer entre sus muslos y los apretó, cerrándolo alrededor de su cabeza. Sintió placer al notar como aquella cabeza crujía y explotaba bajo su presión. Se corrió de nuevo al quitar la vida de aquella mujer.
Descontrolada, Bárbara se paseó por la casa, humillando, golpeando, violando,  torturando y matando al resto de seres (Servicio, mantenimiento, profesoras, ayudantes, etc.) mientras disfrutaba de los mejores orgasmos de su vida. No paró hasta que hubo acabado con todos los seres que habitaban y trabajaban en aquella gran mansión.
Las sirenas de la policía se oían cada vez más cerca. Bárbara no sabía qué era aquello, no entendía de moral ni de leyes. Al rato la mansión se llenó de policías  y Bárbara se alegró al ver a hombres frente a ella. A lo largo de su vida había visto pocos hombres y quería descubrirlos mejor.
Bárbara se abalanzó sobre aquellos policías sin saber lo que eran o hacían en su casa. Los policías, asustados al ver a aquella amazona musculada dirigirse hacia ellos como un tren, dispararon sus armas contra ella.
Bárbara notó el dolor y se asustó. Aquello era magia, le hacían daño sin tocarla. Era grande, era fuerte e imparable pero, no era antibalas. Cayó al suelo sobre su propia sangre sin saber cómo había ocurrido, fue detenida y llevada a un hospital donde se recuperó de las heridas de bala antes de ingresar en la prisión de mujeres, acusada de varios homicidios, violaciones y agresiones a la autoridad.
Su sexo de humedeció de nuevo ante la realidad que se presentaba. En aquel lugar había cientos o miles de personas débiles e inferiores con las que jugar. No pudo evitar soltar un gemido de placer mientras con su lengua se humedecía los labios.
Continuará...